Mi madre salió de vacaciones y nos dejó solos por primera vez en... bueno... por primera vez en su vida. Por un mes, nos otorgó una libertad condicional... Y dicen que cuando el gato sale, los ratones están de fiesta... Claro que en mi caso, eso ha significado dormir hasta las 11 o 12 los días que puedo hacerlo, apropiarme de la cocina, y varios días andar en pijama, sino todo el día, al menos gran parte de él.
Y es que me gusta andar en pijama todo el día, relajada, y si no tengo nada que hacer, ¿cuál es el punto de vestirse? Mejor me quedo acostada, trabajando en mi computador, que es lo mismo que haría vestida y en el escritorio, si mi mamá estuviera acá.
Hay que disfrutar de los placeres simples de la vida. Y es que he descubierto que no necesito mucho. El otro día conversaba al respecto. Quiero plata para poder independizarme, pero tampoco necesito tanto. Sólo quiero un departamento pequeño, de un dormitorio y mientras más chico, mejor... Eso implica que hay menos que limpiar, y menos muebles que comprar. Ni siquiera necesito mesa... me basta una bandeja de desayuno donde puedo poner el computador, o la comida. Cierto que con ese sistema no podré recibir visitas, pero ya lo podré hacer más adelante cuando pueda comprar un comedor apropiado.
Me gusta estar tranquila. Me gusta leer. Me gusta ver televisión (el TV Cable va dentro del presupuesto, porque soy una tevita... ese es un lujo que quiero tener, junto con la conexión wi-fi). Me gusta jugar en el computador. Me gusta trabajar y escribir. Me gusta cocinar. Y si agrego unas 8-10 lukas al presupuesto semanal, puedo tener a alguien que vaya una vez por semana a hacer todo lo que no me gusta hacer en una casa.
En resumen, para vivir feliz sólo necesito un espacio en el que quepa una cama para dormir, una cocina equipada para cocinar, un clóset para guardar mi ropa, conexión a wi-fi y a TV Cable (por supuesto, un televisor, que ni siquiera necesito que sea muy grande) plata para pagar las cuentas básicas e idealmente, en el mejor de los casos, una nana una vez por semana. Nada más. El resto es superfluo y puedo postergar su compra.
No soy carretera. No necesito independencia para reventarme carreteando. No tomo, no fumo, no uso drogas. Y eso no va a cambiar por que me independice. Soy una señorita que se comporta bien, ya viva en la casa de sus padres o no lo haga. Sólo quiero mi espacio para hacer mis propias reglas sobre los horarios y las actividades cotidianas. No es tanto pedir. Ni es para tanto. Creo yo.
Ahora me voy a preparar el almuerzo. Hasta la próxima.
10 mayo 2009
22 marzo 2009
Las decisiones y el futuro. Una divagación levemente metafísica
"Has planes para ser sorprendido" es algo que escuché por ahí. Y es que uno nunca sabe lo que va a suceder. Ni cómo va a reaccionar. Ni lo que va a pasar por esta cabeza loca de la que - la mayor parte del tiempo - me siento bastante orgullosa (no tengo por qué ocultarlo... la falsa modestia me pudre...)
Y es que las cosas tienen la tendencia a torcerse hacia caminos inesperados. O nosotros mismos las torcemos en un giro espontáneo hacia un futuro desconocido. Y mandamos todo a las pailas... o al revés. Quizás sólo tiramos hacia arriba la tortilla para darla vuelta. Pero eso es mucho divagar. Inclusive para mí.
Quizás es que he leído mucho Dune últimamente. Y eso me hace pensar en los caminos del destino y la red de futuros alternativos que se teje a partir de nuestras decisiones. Y al final todo se trata de eso. De las decisiones que tomamos...
El futuro no existe. Lo construimos a medida que avanzamos, transformándolo en presente. Y la maraña de caminos que se entrelazan y nos llevan a nuestro destino final - o nos alejan de él - depende únicamente de lo que decidimos hacer en un minuto dado, en un momento específico.
Uno se puede proyectar hacia adelante, soñar con ciertos destinos posibles, pero llegado el momento clave, realmente no sabemos si resultará como lo planeamos. Y aún si trazamos planes, y los seguimos fielmente, paso a paso, contra viento y marea, y llegamos a donde supuestamente queríamos llegar... ¿Entonces qué? ¿Más planes? ¿Mayor proyección? ¿Nos detenemos? ¿Avanzamos?
Hay tantos factores que escapan de nuestro control... Tantas líneas futuras que no dependen en absoluto de nosotros. Tantas decisiones que tomamos que afectan a otros, tantas decisiones tomadas por otros que nos afectan.
Y sumado a eso, tenemos que considerar el factor de lo imprevisible. Esas razgaduras en la línea del tiempo. Esos momentos que nos están vedados al proyectar nuestro futuro, esos momentos que enfrentamos ciegos de presente, armados sólo con nuestro pasado...
Bueno, no lo sé. Quizás esta entrada se volvió demasiado metafísica. Quizás Dune tiene la culpa. Quizás no. Ghanima, uno de mis personajes favoritos de la saga (quizás porque es con la que me puedo identificar más) dijo por ahí que "saber demasiado nunca simplifica las decisiones". Pensar demasiado tampoco. Y creo que es la vida la que nunca simplifica las decisiones. Así nos mantiene en vilo, esperando lo que nos depara el futuro.
Y el mayor problema es que los seres humanos no estamos hechos para soportar la incertidumbre. Por eso, creamos ciencias duras que nos ayudan a proyectar el futuro económico, usamos ciencias esotéricas para tratar de aprehender la delgada trama del tiempo que viene. La ansiedad es tanta, que hay quienes son capaces de creerle a una bola que al agitarse te da respuestas binarias, crípticas en la mayor parte de los casos.
Y tomamos decisiones esperando que nos lleve por el camino correcto y no nos deje varados en un callejón sin salida, porque muchas veces, no podemos desandar nuestros pasos, y las segundas oportunidades parecen ser privilegios de pocos. Tomamos decisiones con la esperanza de que cuenten para algo, de que tengan algún peso en la elección de nuestra senda. Tomamos decisiones y nos equivocamos. O no. Tomamos decisiones y acertamos. De una u otra manera, avanzamos. Hasta que ya no lo hacemos más. Hasta que el futuro es de alguien más.
Y es que las cosas tienen la tendencia a torcerse hacia caminos inesperados. O nosotros mismos las torcemos en un giro espontáneo hacia un futuro desconocido. Y mandamos todo a las pailas... o al revés. Quizás sólo tiramos hacia arriba la tortilla para darla vuelta. Pero eso es mucho divagar. Inclusive para mí.
Quizás es que he leído mucho Dune últimamente. Y eso me hace pensar en los caminos del destino y la red de futuros alternativos que se teje a partir de nuestras decisiones. Y al final todo se trata de eso. De las decisiones que tomamos...
El futuro no existe. Lo construimos a medida que avanzamos, transformándolo en presente. Y la maraña de caminos que se entrelazan y nos llevan a nuestro destino final - o nos alejan de él - depende únicamente de lo que decidimos hacer en un minuto dado, en un momento específico.
Uno se puede proyectar hacia adelante, soñar con ciertos destinos posibles, pero llegado el momento clave, realmente no sabemos si resultará como lo planeamos. Y aún si trazamos planes, y los seguimos fielmente, paso a paso, contra viento y marea, y llegamos a donde supuestamente queríamos llegar... ¿Entonces qué? ¿Más planes? ¿Mayor proyección? ¿Nos detenemos? ¿Avanzamos?
Hay tantos factores que escapan de nuestro control... Tantas líneas futuras que no dependen en absoluto de nosotros. Tantas decisiones que tomamos que afectan a otros, tantas decisiones tomadas por otros que nos afectan.
Y sumado a eso, tenemos que considerar el factor de lo imprevisible. Esas razgaduras en la línea del tiempo. Esos momentos que nos están vedados al proyectar nuestro futuro, esos momentos que enfrentamos ciegos de presente, armados sólo con nuestro pasado...
Bueno, no lo sé. Quizás esta entrada se volvió demasiado metafísica. Quizás Dune tiene la culpa. Quizás no. Ghanima, uno de mis personajes favoritos de la saga (quizás porque es con la que me puedo identificar más) dijo por ahí que "saber demasiado nunca simplifica las decisiones". Pensar demasiado tampoco. Y creo que es la vida la que nunca simplifica las decisiones. Así nos mantiene en vilo, esperando lo que nos depara el futuro.
Y el mayor problema es que los seres humanos no estamos hechos para soportar la incertidumbre. Por eso, creamos ciencias duras que nos ayudan a proyectar el futuro económico, usamos ciencias esotéricas para tratar de aprehender la delgada trama del tiempo que viene. La ansiedad es tanta, que hay quienes son capaces de creerle a una bola que al agitarse te da respuestas binarias, crípticas en la mayor parte de los casos.
Y tomamos decisiones esperando que nos lleve por el camino correcto y no nos deje varados en un callejón sin salida, porque muchas veces, no podemos desandar nuestros pasos, y las segundas oportunidades parecen ser privilegios de pocos. Tomamos decisiones con la esperanza de que cuenten para algo, de que tengan algún peso en la elección de nuestra senda. Tomamos decisiones y nos equivocamos. O no. Tomamos decisiones y acertamos. De una u otra manera, avanzamos. Hasta que ya no lo hacemos más. Hasta que el futuro es de alguien más.
28 diciembre 2008
Recuento del año 2008
El año está terminando... En pocos días más, el 2008 habrá acabado.
Debo decir que ha sido un año extrañísimo. Una vez alguien me dijo que según la numerología el 2008 empezaba un nuevo ciclo en mi vida. En ese entonces pensé que era porque ese era el año en que debería haber terminado la carrera de medicina... Nunca imaginé que estaría estudiando ingeniería comercial, que sería el año que comenzaría conmigo viajando a Canadá para estudiar y vivir sola allá por un semestre entero y con una beca que me cubriría todos mis gastos. Nunca pensé que sería el año en que me reencontraría con Maxi, y menos que sería el año en que me pondría a pololear con él. Tampoco pensé que sería el año en que estaría haciendo mi práctica profesional y recibiendo múltiples ofertas de trabajo. La vida te da sorpresas...
Y el año se me pasó tan rápido. Debe ser porque han pasado tantas cosas que no he tenido tiempo de darme cuenta y contar los minutos que pasan.
Extraño un poco mi vida en Canadá. Es extraño pensar que probablemente no voy a volver a ver al amable hombre asiático que atendía la caja de supermercado de la otra calle. Ese que me conversaba de Chile y me preguntaba hasta cuándo me iba a quedar y si pensaba volver (probablemente preocupado de perder a una cliente frecuente). Es extraño pensar que ya no voy a volver a comprar en Dollarama, donde todo costaba 1 dólar (sin impuestos), y por lo tanto cuando ibas, terminabas tentándote con media tienda, considerando que no era caro, y en conjunto terminabas pagando entre 20 y 40 dólares... Es extraño pensar que toda la gente que conocí, en estos minutos se encuentran desperdigadas en el mundo, algunas en Australia, otras en Europa, y algunas otras aún en Canadá. Creo que hasta echo un poco de menos el frío... Supongo que eso se me pasaría después de experimentarlo un par de días de nuevo. Y cómo olvidarme de Tim Hortons, y sus salvadores Hot Smoothies, y su Yogurth Parfait... Y el Rainbow Cinema los días martes, que era la única vez en que se podía ir al cine por un precio decente (y por decente, implico pagar una entrada al mismo precio que se paga acá en un día caro). Y el tradicional Mick E. Fynns, cada vez que a nadie se le ocurría que hacer... ¡Ah, y tantos recuerdos inolvidables!
Y después volver... Acostumbrarme de nuevo a no ser libre. A tener que dar explicaciones. A que manejen mis tiempos, mis horarios, mis actividades y a veces hasta mi plata. Y acostumbrarme al sentimiento de "maldición, ¿por qué no me habré quedado allá?". Pero bueno... es lo que hay, y no puedo hacer mucho al respecto.
Y organizar mis ayudantías. Tantos planes... En estadísticas no resultaron mucho... En costos, más o menos. En contabilidad sí. Creo que es la ayudantía que más me gusta hacer... Pero antes de empezar me llamaron para mi práctica. Y así empecé uno de los semestres más ocupados que he tenido. Corriendo de un lado al otro... Sin tiempo para almorzar. Sin tiempo para vivir. Pero un semestre no importa. Se puede manejar...
Luego, en octubre, se me ocurrió buscar en Facebook a Maxi. El hombre del que me enamoré hace 10 años atrás, y que me costó 9 años superar. Y lo encontré. Y hablamos, y nos juntamos y... nos pusimos a pololear. Si alguien me lo hubiera dicho hace 10 años no lo hubiera creído. Y estoy feliz y enamorada. Vale decir que perdí un par de amistades a raíz de ello, que armaron una pataleta (un poquitín exageradas, desde mi punto de vista), pero aquellos que valgan la pena, volverán algún día.
Llevo dos meses pololeando. Feliz. Como nunca había sido. Cuando ya me había rendido, y había decidido llevar mi vida por otros caminos. Pero como dice el dicho, "el hombre propone, y Dios dispone". Me tomó desprevenida. Pero qué diablos... Siempre me han gustado las sorpresas... y este año ha estado lleno de ellas... Me pregunto qué se viene para el 2009...
Debo decir que ha sido un año extrañísimo. Una vez alguien me dijo que según la numerología el 2008 empezaba un nuevo ciclo en mi vida. En ese entonces pensé que era porque ese era el año en que debería haber terminado la carrera de medicina... Nunca imaginé que estaría estudiando ingeniería comercial, que sería el año que comenzaría conmigo viajando a Canadá para estudiar y vivir sola allá por un semestre entero y con una beca que me cubriría todos mis gastos. Nunca pensé que sería el año en que me reencontraría con Maxi, y menos que sería el año en que me pondría a pololear con él. Tampoco pensé que sería el año en que estaría haciendo mi práctica profesional y recibiendo múltiples ofertas de trabajo. La vida te da sorpresas...
Y el año se me pasó tan rápido. Debe ser porque han pasado tantas cosas que no he tenido tiempo de darme cuenta y contar los minutos que pasan.
Extraño un poco mi vida en Canadá. Es extraño pensar que probablemente no voy a volver a ver al amable hombre asiático que atendía la caja de supermercado de la otra calle. Ese que me conversaba de Chile y me preguntaba hasta cuándo me iba a quedar y si pensaba volver (probablemente preocupado de perder a una cliente frecuente). Es extraño pensar que ya no voy a volver a comprar en Dollarama, donde todo costaba 1 dólar (sin impuestos), y por lo tanto cuando ibas, terminabas tentándote con media tienda, considerando que no era caro, y en conjunto terminabas pagando entre 20 y 40 dólares... Es extraño pensar que toda la gente que conocí, en estos minutos se encuentran desperdigadas en el mundo, algunas en Australia, otras en Europa, y algunas otras aún en Canadá. Creo que hasta echo un poco de menos el frío... Supongo que eso se me pasaría después de experimentarlo un par de días de nuevo. Y cómo olvidarme de Tim Hortons, y sus salvadores Hot Smoothies, y su Yogurth Parfait... Y el Rainbow Cinema los días martes, que era la única vez en que se podía ir al cine por un precio decente (y por decente, implico pagar una entrada al mismo precio que se paga acá en un día caro). Y el tradicional Mick E. Fynns, cada vez que a nadie se le ocurría que hacer... ¡Ah, y tantos recuerdos inolvidables!
Y después volver... Acostumbrarme de nuevo a no ser libre. A tener que dar explicaciones. A que manejen mis tiempos, mis horarios, mis actividades y a veces hasta mi plata. Y acostumbrarme al sentimiento de "maldición, ¿por qué no me habré quedado allá?". Pero bueno... es lo que hay, y no puedo hacer mucho al respecto.
Y organizar mis ayudantías. Tantos planes... En estadísticas no resultaron mucho... En costos, más o menos. En contabilidad sí. Creo que es la ayudantía que más me gusta hacer... Pero antes de empezar me llamaron para mi práctica. Y así empecé uno de los semestres más ocupados que he tenido. Corriendo de un lado al otro... Sin tiempo para almorzar. Sin tiempo para vivir. Pero un semestre no importa. Se puede manejar...
Luego, en octubre, se me ocurrió buscar en Facebook a Maxi. El hombre del que me enamoré hace 10 años atrás, y que me costó 9 años superar. Y lo encontré. Y hablamos, y nos juntamos y... nos pusimos a pololear. Si alguien me lo hubiera dicho hace 10 años no lo hubiera creído. Y estoy feliz y enamorada. Vale decir que perdí un par de amistades a raíz de ello, que armaron una pataleta (un poquitín exageradas, desde mi punto de vista), pero aquellos que valgan la pena, volverán algún día.
Llevo dos meses pololeando. Feliz. Como nunca había sido. Cuando ya me había rendido, y había decidido llevar mi vida por otros caminos. Pero como dice el dicho, "el hombre propone, y Dios dispone". Me tomó desprevenida. Pero qué diablos... Siempre me han gustado las sorpresas... y este año ha estado lleno de ellas... Me pregunto qué se viene para el 2009...
24 octubre 2008
Expresando ideas en círculos (como ayer)
Después de casi 10 años y medio, después de casi 3 semanas de estar en una montaña rusa de emociones, de no entender qué quería (o entenderlo y no querer confesarlo, ni siquiera a mí misma), de darme mil argumentos en favor y en contra de mis miedos, me encuentro en medio de la más inesperadas de las historias.
Después de reencontrar, tras 8 años, al único hombre que puedo dar el título de amor de mi vida, de 10 años de repasar una y otra vez la historia en mi cabeza, de arrepentirme de todo lo que no pasó y lo que no fui capaz de decir en su momento, de renegar de mi actitud pasiva y conformista, todo cambió.
Después de darme por vencida y elaborar un muy lógico y frío discurso tras el cual escudar mis emociones, de elaborar planes y ensayar discursos, que de toda manera se olvidan al minuto en que deberían ser dichos o hechos, debo tragarme mis palabras y replantear mis planes.
Después de negarme, de plantear mil excusas y justificaciones, de analizar lo que no puede ser analizado, racionalizar hasta que la confusión confundió la razón, terminé aceptando en razón, corazón y confusión.
Después de años imaginando momentos, terminé viviéndolos, y no haciendo nada de lo que tenía pensado, sino simplemente balbuceando y temblando, sin encontrar las palabras, que siempre he considerado mis aliadas.
E igual que ayer, igual que estas últimas semanas, sólo me doy vueltas sin ir al punto. Sin decir que en realidad estoy feliz. Sin contar lo que quiero contar. Sin decir que estoy pololeando, como si al escribir esa palabra en forma pública fuera a despertar y descubrir que en realidad nada pasó... Pero pasó... parece... creo que sí...
Y he estado toda la mañana convenciéndome a mí misma que es real, que es verdad, que no es un sueño, ni una alucinación. He estado toda la mañana confesándome a mí misma que esto es exactamente lo que quería. Que tú eres a quien quería...
Después de reencontrar, tras 8 años, al único hombre que puedo dar el título de amor de mi vida, de 10 años de repasar una y otra vez la historia en mi cabeza, de arrepentirme de todo lo que no pasó y lo que no fui capaz de decir en su momento, de renegar de mi actitud pasiva y conformista, todo cambió.
Después de darme por vencida y elaborar un muy lógico y frío discurso tras el cual escudar mis emociones, de elaborar planes y ensayar discursos, que de toda manera se olvidan al minuto en que deberían ser dichos o hechos, debo tragarme mis palabras y replantear mis planes.
Después de negarme, de plantear mil excusas y justificaciones, de analizar lo que no puede ser analizado, racionalizar hasta que la confusión confundió la razón, terminé aceptando en razón, corazón y confusión.
Después de años imaginando momentos, terminé viviéndolos, y no haciendo nada de lo que tenía pensado, sino simplemente balbuceando y temblando, sin encontrar las palabras, que siempre he considerado mis aliadas.
E igual que ayer, igual que estas últimas semanas, sólo me doy vueltas sin ir al punto. Sin decir que en realidad estoy feliz. Sin contar lo que quiero contar. Sin decir que estoy pololeando, como si al escribir esa palabra en forma pública fuera a despertar y descubrir que en realidad nada pasó... Pero pasó... parece... creo que sí...
Y he estado toda la mañana convenciéndome a mí misma que es real, que es verdad, que no es un sueño, ni una alucinación. He estado toda la mañana confesándome a mí misma que esto es exactamente lo que quería. Que tú eres a quien quería...
23 septiembre 2008
Descompaginada

A veces creo que tengo un problema de frecuencias. No existo en la misma longitud de onda que el resto. No estoy en la misma página... de hecho, creo seriamente que estoy descompaginada.
Y es que cuando todos están en una cosa, yo extrañamente o voy mucho más atrás, o me adelanté hace rato. Recuerdo que una vez un profesor al calificarme tenía que determinar si yo "me comportaba de acuerdo a mi edad" y su respuesta fue algo así como "a veces" o algo parecido. Mi madre se indignó y criticó su criterio de evaluación. Pero una parte de mí siempre le encontró razón... Otra vez tomé un test que evaluaba mi verdadera edad: mentalmente tenía como ciento y tantos años, y emocionalmente alrededor de quince. Lo cual explica muchas cosas.
Me pasa sobretodo con las relaciones... las vivo en "fast forward". O sea que mientras los otros están en pleno proceso de encantamiento, yo me encanté, desencanté y estoy empezando a aburrirme. Es un serio problema. Por eso está la Regla de las Dos Semanas, según la cual si alguien me gusta más de dos semanas, se eleva exponencialmente su posibilidad de mantener mi atención por un periodo más o menos razonable de tiempo. Aunque por "razonable" sólo pueda asegurar que sean un par de meses. Quizás sea sólo un grave problema de concentración.
El problema es cuando yo, por estar interesada gatillé un interés en el otro... y de ahí se me pasa y ahí queda el otro pobre cristiano... Y no soy mala... por lo menos no TAN mala. Juro que es de buena fé. Pero simplemente paso de página más rápido. Mi velocidad lectora parece extenderse en este sentido también. Y así me meto en líos. Y no hay quien entienda que simplemente nací descompaginada...
07 septiembre 2008
Pasteles
NOTAS DE LA AUTORA:
A. Pastel: (1) m. Masa de harina y manteca, cocida al horno, en que ordinariamente se envuelve crema o dulce, y a veces carne, fruta o pescado.
(2) chilensis Dícese de una persona con escaso coeficiente intelectual. Gil. Sinónimo del chilenismo amermelado.
B. Si perteneces al género masculino, no te aconsejo que sigas leyendo, a riesgo de que tu ego se vea seriamente comprometido. Si decides ignorar esta advertencia, me desligo de cualquier responsabilidad por los daños sicológicos y emocionales que pudiera generar la lectura de este texto.
********************************************

Los hombres son unos pasteles. Y esta vez ni siquiera haré excepciones: TODOS son unos pasteles. Eventualmente, por una u otra razón, todos se merecen el apelativo. Y no es que una sea un dechado de virtud y perfección, o que no merezca el apelativo de vez en cuando. Pero esta entrada no se trata sobre la "pastelitud" de las mujeres, sino, la de los hombres. Prometo que en otra ocasión sacaré a relucir este lado B, en orden de analizar las dos caras de la moneda.
En alguna ocasión, arreglando el mundo con mis amigas, nos dimos cuenta de que además de recibir el apelativo en su acepción chilena, los hombres tienen más similitudes con los pasteles, en su acepción aceptada por la real academia de la lengua española. Al igual que los pasteles comestibles, los hombres vienen en una variedad infinita de formas, colores y sabores. Hay hombres que son como pasteles de fresa, bien "niñitas" para sus cosas, hombres que son como pasteles de chocolate, genuinamente dulces y encantadores, una tentación con sólo verlos, pero peligrosamente adictivos y tendientes a repartir su dulzura a quien quiera "probarlos", e incluso hay pasteles "alternativos", de verduras o de carne, un poco incomprendidos dentro de tanta dulzura con la que se asocia generalmente a los pasteles.
Y bueno, al igual que cuando existe el antojo de comer pastel, ya sea autoinducido o como consecuencia de ver uno realmente apetitoso en una vitrina (o quizás incluso por ver cómo otras personas disfrutan sus pasteles, lo que te hace desear tener uno también para ti), los hombres también se nos antojan a veces. El problema, y aquí yace la diferencia entre hombres y pasteles, es que cuando te comes un pastel eres feliz (aunque después a algunas les baje la angustia por haber comido más de la cuenta y la sicosis de contar calorías), pero en cambio con los hombres, en el minuto en que cae en la categoría de pastel, te enfrentas al tremendo dilema de mandarlo a freir monos, o aguantarlo con la esperanza de que sea sólo un episodio pasajero, para compensar todas las cosas buenas que tiene cuando no es un pastel (la típica y trillada justificación de "nadie es perfecto").
Particularmente, los pasteles me tienen cansada y creo seriamente que necesito una dieta estricta con ausencia de ellos. Y no me refiero a los que se comen. Y lo siento, pero la paciencia no es mi fuerte, la estupidez me revienta, y no ando en ánimos masoquistas de hacerme problemas en forma gratuita.
Cada día que pasa me convenzo más que la soltería es una opción para nada desagradable, y de todas maneras me encantan los gatos. Y es que soy un espíritu libre, me ahogo con demasiada felicidad, y tengo demasiadas actividades como para tener que dedicar tiempo a algo más en mi vida. O en este caso, a alguien más. Y no es egoísmo. Simplemente ya tengo demasiadas responsabilidades ineludibles que ocupan el 90% de mi tiempo. Y el 10% restante, sólo quiero un tiempo para mí.
Quizás es que no me he enamorado, ni he conocido a nadie que haga que me trague estas palabras... Mi problema es que pienso demasiado, y todas las burdas técnicas de conquista que suelen usar estos pasteles ambulantes son un insulto a mi inteligencia, y así nadie puede. Si al minuto en que salen a relucir sus brillantes armaduras, yo me estoy dando cuenta que no es nada más que papel de aluminio, ¿cómo puedo creer lo que sea que venga después? Quizás necesito un experto en efectos especiales. Aunque idealmente, preferiría un hombre que no sea comparable a un alimento.
A. Pastel: (1) m. Masa de harina y manteca, cocida al horno, en que ordinariamente se envuelve crema o dulce, y a veces carne, fruta o pescado.
(2) chilensis Dícese de una persona con escaso coeficiente intelectual. Gil. Sinónimo del chilenismo amermelado.
B. Si perteneces al género masculino, no te aconsejo que sigas leyendo, a riesgo de que tu ego se vea seriamente comprometido. Si decides ignorar esta advertencia, me desligo de cualquier responsabilidad por los daños sicológicos y emocionales que pudiera generar la lectura de este texto.
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Los hombres son unos pasteles. Y esta vez ni siquiera haré excepciones: TODOS son unos pasteles. Eventualmente, por una u otra razón, todos se merecen el apelativo. Y no es que una sea un dechado de virtud y perfección, o que no merezca el apelativo de vez en cuando. Pero esta entrada no se trata sobre la "pastelitud" de las mujeres, sino, la de los hombres. Prometo que en otra ocasión sacaré a relucir este lado B, en orden de analizar las dos caras de la moneda.
En alguna ocasión, arreglando el mundo con mis amigas, nos dimos cuenta de que además de recibir el apelativo en su acepción chilena, los hombres tienen más similitudes con los pasteles, en su acepción aceptada por la real academia de la lengua española. Al igual que los pasteles comestibles, los hombres vienen en una variedad infinita de formas, colores y sabores. Hay hombres que son como pasteles de fresa, bien "niñitas" para sus cosas, hombres que son como pasteles de chocolate, genuinamente dulces y encantadores, una tentación con sólo verlos, pero peligrosamente adictivos y tendientes a repartir su dulzura a quien quiera "probarlos", e incluso hay pasteles "alternativos", de verduras o de carne, un poco incomprendidos dentro de tanta dulzura con la que se asocia generalmente a los pasteles.
Y bueno, al igual que cuando existe el antojo de comer pastel, ya sea autoinducido o como consecuencia de ver uno realmente apetitoso en una vitrina (o quizás incluso por ver cómo otras personas disfrutan sus pasteles, lo que te hace desear tener uno también para ti), los hombres también se nos antojan a veces. El problema, y aquí yace la diferencia entre hombres y pasteles, es que cuando te comes un pastel eres feliz (aunque después a algunas les baje la angustia por haber comido más de la cuenta y la sicosis de contar calorías), pero en cambio con los hombres, en el minuto en que cae en la categoría de pastel, te enfrentas al tremendo dilema de mandarlo a freir monos, o aguantarlo con la esperanza de que sea sólo un episodio pasajero, para compensar todas las cosas buenas que tiene cuando no es un pastel (la típica y trillada justificación de "nadie es perfecto").
Particularmente, los pasteles me tienen cansada y creo seriamente que necesito una dieta estricta con ausencia de ellos. Y no me refiero a los que se comen. Y lo siento, pero la paciencia no es mi fuerte, la estupidez me revienta, y no ando en ánimos masoquistas de hacerme problemas en forma gratuita.
Cada día que pasa me convenzo más que la soltería es una opción para nada desagradable, y de todas maneras me encantan los gatos. Y es que soy un espíritu libre, me ahogo con demasiada felicidad, y tengo demasiadas actividades como para tener que dedicar tiempo a algo más en mi vida. O en este caso, a alguien más. Y no es egoísmo. Simplemente ya tengo demasiadas responsabilidades ineludibles que ocupan el 90% de mi tiempo. Y el 10% restante, sólo quiero un tiempo para mí.
Quizás es que no me he enamorado, ni he conocido a nadie que haga que me trague estas palabras... Mi problema es que pienso demasiado, y todas las burdas técnicas de conquista que suelen usar estos pasteles ambulantes son un insulto a mi inteligencia, y así nadie puede. Si al minuto en que salen a relucir sus brillantes armaduras, yo me estoy dando cuenta que no es nada más que papel de aluminio, ¿cómo puedo creer lo que sea que venga después? Quizás necesito un experto en efectos especiales. Aunque idealmente, preferiría un hombre que no sea comparable a un alimento.
28 agosto 2008
Rescatando entradas antiguas que siguen siendo vigentes. Parte I
Voy a empezar a rescatar un par de entradas en blogs antiguos, que aún sigan siendo vigentes... Quizás pelar el cable un poco más a raíz de ello. Esta entrada fue publicada el día 15 de mayo del 2006, y se llamaba "Quisiera..."
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Voy a hacer una declaración que probablemente provoque que se me apliquen varios calificativos, como perna, ñoña, matea, u otros, pero no me importa: me gusta estudiar. No por estudiar en sí, sino más bien porque me gusta SABER... De verdad... quisiera saber tantas cosas... Por ejemplo me gustaría dominar todos los idiomas posibles, ojalá todos los idiomas en uso, pero también los que no, como el latín o el griego antiguo. Me gustan los idiomas porque me dan la oportunidad de ENTENDER: entender a las otras personas, tanto en su naturaleza como individuos, como en su naturaleza humana general. Saber lo que el otro dice o trata de comunicar es el primer paso para entenderlos... Por lo mismo, porque quiero entender, me gustaría ser una experta en egiptología, y poder entender los jeroglíficos, y comprender a esos seres que formaron parte de esa cultura tan apasionante. Además me gustaría estudiar historia del arte, antropología, sociología, filosofía, economía, política y profundizar mis conocimientos en psicología. Y en el fondo todo se trata de lo mismo... quiero poder comprender al ser humano, adentrarme en sus misterios... ¡Quiero ser SABIA!
Eso sí, esto no tiene nada que ver con que me gusten dar pruebas... De hecho me carga, y tengo claro que no son evaluaciones objetivas del conocimiento real que uno posee. Cuando uno da una prueba influyen muchos factores: tu estado anímico, de salud, los eventos que puedan haberte alterado, la forma de evaluar... Las notas no siempre reflejan tu conocimiento, y de eso estoy convencida. A la larga no significa nada más que una escala para regular el asunto... Como sea, es lo que hay, y tampoco se me ocurre un sistema mejor, así que "whatever"...
Todo esto surgió de que me puse a pensar que si tuviera plata como para no necesitar trabajar nunca, entonces me dedicaría a estudiar siempre... Haría cursos de todos los idiomas, sacaría varias carreras, de esas "inútiles", y no ejercería nunca... A lo mejor un rato, por jugar... Quizás trabajaría haciendo clases, porque me gusta enseñar... La sapiencia no tiene sentido si no se le transmite a los demás... Si no, el conocimiento y la sabiduría morirían con los cuerpos, y eso no puede ser...
En todo caso, y como fuere, aunque tuviera dinero para mantenerme a mí y 20 generaciones más, no podría dejar a mi cerebro enmohecerse... Necesito usarlo, mantenerlo activo... Si no, el aburrimiento es mortal.
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Debo agregar que no estudio mucho. No soy particularmente estudiosa ni matea, ni vivo mi vida en torno a libros. Todo lo contrario. Lo que sí, estudio en forma eficiente, y si me apasiona un tema puedo quedarme por horas pegada enterándome del tema. Pero no creo en repetir las cosas como loro, sino en pensar y reflexionar al respecto. Interiorizarlas. Encontrarles el sentido y aplicabilidad.
Lo que sí soy es trabajólica. E hiperquinética mental. Siempre estoy pensando y haciendo dos, tres o cuatro cosas a la vez. Me carga estar de ociosa mucho tiempo. Me invento cosas productivas que hacer. Y sí, de vez en cuando, también me gusta hacer nada y descansar. Pero sólo después de satisfacer mi curiosidad.
Es por eso que me gustan los hombres inteligentes e interesantes. Siempre te pueden enseñar algo nuevo y aportarte. Pero ya he hablado de eso. Y hablando de reiteraciones, esta trabajólica volverá al trabajo.
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Voy a hacer una declaración que probablemente provoque que se me apliquen varios calificativos, como perna, ñoña, matea, u otros, pero no me importa: me gusta estudiar. No por estudiar en sí, sino más bien porque me gusta SABER... De verdad... quisiera saber tantas cosas... Por ejemplo me gustaría dominar todos los idiomas posibles, ojalá todos los idiomas en uso, pero también los que no, como el latín o el griego antiguo. Me gustan los idiomas porque me dan la oportunidad de ENTENDER: entender a las otras personas, tanto en su naturaleza como individuos, como en su naturaleza humana general. Saber lo que el otro dice o trata de comunicar es el primer paso para entenderlos... Por lo mismo, porque quiero entender, me gustaría ser una experta en egiptología, y poder entender los jeroglíficos, y comprender a esos seres que formaron parte de esa cultura tan apasionante. Además me gustaría estudiar historia del arte, antropología, sociología, filosofía, economía, política y profundizar mis conocimientos en psicología. Y en el fondo todo se trata de lo mismo... quiero poder comprender al ser humano, adentrarme en sus misterios... ¡Quiero ser SABIA!
Eso sí, esto no tiene nada que ver con que me gusten dar pruebas... De hecho me carga, y tengo claro que no son evaluaciones objetivas del conocimiento real que uno posee. Cuando uno da una prueba influyen muchos factores: tu estado anímico, de salud, los eventos que puedan haberte alterado, la forma de evaluar... Las notas no siempre reflejan tu conocimiento, y de eso estoy convencida. A la larga no significa nada más que una escala para regular el asunto... Como sea, es lo que hay, y tampoco se me ocurre un sistema mejor, así que "whatever"...
Todo esto surgió de que me puse a pensar que si tuviera plata como para no necesitar trabajar nunca, entonces me dedicaría a estudiar siempre... Haría cursos de todos los idiomas, sacaría varias carreras, de esas "inútiles", y no ejercería nunca... A lo mejor un rato, por jugar... Quizás trabajaría haciendo clases, porque me gusta enseñar... La sapiencia no tiene sentido si no se le transmite a los demás... Si no, el conocimiento y la sabiduría morirían con los cuerpos, y eso no puede ser...
En todo caso, y como fuere, aunque tuviera dinero para mantenerme a mí y 20 generaciones más, no podría dejar a mi cerebro enmohecerse... Necesito usarlo, mantenerlo activo... Si no, el aburrimiento es mortal.
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Debo agregar que no estudio mucho. No soy particularmente estudiosa ni matea, ni vivo mi vida en torno a libros. Todo lo contrario. Lo que sí, estudio en forma eficiente, y si me apasiona un tema puedo quedarme por horas pegada enterándome del tema. Pero no creo en repetir las cosas como loro, sino en pensar y reflexionar al respecto. Interiorizarlas. Encontrarles el sentido y aplicabilidad.
Lo que sí soy es trabajólica. E hiperquinética mental. Siempre estoy pensando y haciendo dos, tres o cuatro cosas a la vez. Me carga estar de ociosa mucho tiempo. Me invento cosas productivas que hacer. Y sí, de vez en cuando, también me gusta hacer nada y descansar. Pero sólo después de satisfacer mi curiosidad.
Es por eso que me gustan los hombres inteligentes e interesantes. Siempre te pueden enseñar algo nuevo y aportarte. Pero ya he hablado de eso. Y hablando de reiteraciones, esta trabajólica volverá al trabajo.
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