Debería estar durmiendo... hace una hora o más. Pero en vez de eso me resisto a hacerlo. No sé por qué. Quizás por inercia. Me he estado paseando por blogs de desconocidos, pero no me atreví a dejar ningún mensaje, aunque algunos me parecieron bastante buenos. Al fin y al cabo, no sé cuánto pesa la opinión de una desconocida.
Tengo un revoltijo en mi cabeza. Quizás por eso no puedo dormir. Pero prefiero no hablar de eso (a veces es mejor guardarse algunos pensamientos para uno mismo).
Este semestre no tengo vida. Voy a clases de lunes a jueves. Tengo 10 minutos entre clase y clase. Hago tres ayudantías que debo preparar, más el trabajo y estudio inherente a mis clases. Y me quieren poner una ayudantía de finanzas, justo a la hora que tengo libre. Cuando termino las clases, parto a la CORFO, donde estoy haciendo la práctica. Trabajo todos los días hasta las 6 (y el viernes que no tengo clases, trabajo todo el día). La pega es entretenida. Lo fome es que tengo media hora para llegar desde la estación Los Leones hasta Universidad de Chile, y caminar hasta la puerta donde marco tarjeta y llego con el tiempo justo. Ni tiempo para almorzar tengo. Y lo fome también, es que cuando salgo, con esto del Transantiasco, ni pensar en subirse al metro para volver a mi casa, así que obligada a caminar hasta plaza de armas y esperar que un colectivo pase vacío y se digne a pararme. Y pegarme un pique de alrededor de una hora, que ni siquiera me deja en mi casa, sino que me tienen que ir a buscar hasta la parada del colectivo. Y por si no me bastaran suficientes actividades, cuando llego a mi casa, me cambio de ropa y parto al gimnasio. Así que antes de las 9 de la noche, ni pensar en tener tiempo para sentarme frente al computador a hacer nada.
Así, tengo que estudiar y preparar clases hasta la madrugada, o sino, usar los fines de semana completos. Y este fin de semana, ni preparé clases, ni estudié. Estoy frita.
Mi práctica durará hasta noviembre. Y como más encima mi madre está con ataque desde que me la ofrecieron, no me hace la vida más fácil. Para cuando sea noviembre seré un estropajo. Y mi madre estará feliz de poder decirme "te lo dije". Pero tampoco quiero hablar de mi madre. No es bueno dejar evidencias.
Así, sin vida social en la semana, y con escasa vida social los fines de semana, mi vida hasta noviembre puede ser calificada como "no-vida". Una lata.
Ya. Me forzaré a dormir ahora. Me temo que lo necesitaré para enfrentar esta semana.
25 agosto 2008
11 julio 2008
Hombres inteligentes
Creo que no hay nada más sexy y atractivo en un hombre que la inteligencia. Y por favor, con "inteligencia" no me refiero a que sea un tonto grave y aburrido. Tampoco es la idea que el tema de conversación sea siempre metafísico o algo por el estilo. De hecho, un hombre inteligente no anda por la vida impresionando a nadie con sus conocimientos, ni "dándoselas de inteligente" porque simplemente lo es. Y por lo mismo sabe distinguir cuando es el minuto de profundizar las conversaciones y ponerse serio, y cuando no. De hecho, creo que se requiere una inteligencia notable para ser absurdo. Porque el límite entre lo absurdo y lo estúpido es frágil y delgado.
El punto es que el tema de conversación, su intención y tono, dependen en, por lo menos, un 60% del momento. El 40% restante depende del interlocutor. Y se requiere inteligencia como para poder evaluar correctamente ambas variables.
Pero volviendo al atractivo de un hombre dotado de inteligencia, debo decir que, aunque por supuesto todo esto es una opinión personal, éste se debe a que soy una firme convencida de que para que una relación resulte uno debe admirar a su pareja. La admiración resulta un importante afrodisiaco, por decirlo así. Debe ser que a mí la inteligencia me parece una cualidad muy admirable, y por otro lado, la estupidez me revienta.
Lo lamentable del caso, es que la inteligencia resulta una cualidad escasa. Y no estoy hablando sólo de los hombres; no me tilden de feminista tan apresuradamente. Hay que reconocer que la estupidez es bastante democrática: no discrimina por sexo, edad, raza o condición social... se da a todos por igual. Y tiene bastantes adeptos que le rinden culto.
Pero basta de eso. Sigamos con el tema. ¿Por qué me parecen atractivos los hombres inteligentes? Porque saben conversar, de todo y de nada. Porque son interesantes y te aportan. Porque supongo que una parte primigenia de mí está buscando un buen pool de genes para una descendencia que sea fuerte y capaz de sobrevivir. Y como ya no hace falta que sean genes referentes a la fortaleza física, porque no espero que mis hijos tengan que huir de ningún tigre dientes de sable, o animal salvaje de ninguna especie, genes que determinen un grado de inteligencia y desempeño académico y laboral decente, parecen ser las características adecuadas para forjarse un buen futuro.
Y bueno. Lo cierto es que cada vez que me han preguntado si creo en el "amor a primera vista" he contestado que en lo que creo es en el "amor a primera conversación". Esas conversaciones que te hacen desear que no acaben nunca, o que se repitan cada día. Que provocan un cúmulo de emociones en el transcurso de la misma. Que no aburren. Esas conversaciones que sólo se pueden tener con un hombre inteligente.
El punto es que el tema de conversación, su intención y tono, dependen en, por lo menos, un 60% del momento. El 40% restante depende del interlocutor. Y se requiere inteligencia como para poder evaluar correctamente ambas variables.
Pero volviendo al atractivo de un hombre dotado de inteligencia, debo decir que, aunque por supuesto todo esto es una opinión personal, éste se debe a que soy una firme convencida de que para que una relación resulte uno debe admirar a su pareja. La admiración resulta un importante afrodisiaco, por decirlo así. Debe ser que a mí la inteligencia me parece una cualidad muy admirable, y por otro lado, la estupidez me revienta.
Lo lamentable del caso, es que la inteligencia resulta una cualidad escasa. Y no estoy hablando sólo de los hombres; no me tilden de feminista tan apresuradamente. Hay que reconocer que la estupidez es bastante democrática: no discrimina por sexo, edad, raza o condición social... se da a todos por igual. Y tiene bastantes adeptos que le rinden culto.
Pero basta de eso. Sigamos con el tema. ¿Por qué me parecen atractivos los hombres inteligentes? Porque saben conversar, de todo y de nada. Porque son interesantes y te aportan. Porque supongo que una parte primigenia de mí está buscando un buen pool de genes para una descendencia que sea fuerte y capaz de sobrevivir. Y como ya no hace falta que sean genes referentes a la fortaleza física, porque no espero que mis hijos tengan que huir de ningún tigre dientes de sable, o animal salvaje de ninguna especie, genes que determinen un grado de inteligencia y desempeño académico y laboral decente, parecen ser las características adecuadas para forjarse un buen futuro.
Y bueno. Lo cierto es que cada vez que me han preguntado si creo en el "amor a primera vista" he contestado que en lo que creo es en el "amor a primera conversación". Esas conversaciones que te hacen desear que no acaben nunca, o que se repitan cada día. Que provocan un cúmulo de emociones en el transcurso de la misma. Que no aburren. Esas conversaciones que sólo se pueden tener con un hombre inteligente.
20 junio 2008
00H
En un lugar muy, muy lejano, en el que ningún hombre ha puesto el pie o posado su mirada, se encuentra el País de las Letras. En él viven todas las letras que existen, de todos los idiomas y todas las culturas. Pero como en todos lados hay que entenderse, las letras de un mismo idioma se agrupan todas en una misma ciudad, y es así como se encuentra la ciudad de las letras chinas, que se entienden sólo entre ellas, la de jeroglíficos egipcios, que se creen tan eruditos, las arábicas, y las letras occidentales, que tienen primos en diferentes idiomas. Es en una de estas ciudades, la del alfabeto español, que se desarrolla nuestra historia.
En esta ciudad viven todas las letras que conoces, desde la A hasta la Z. Pero como te puedes imaginar, todas las letras tienen diferentes carácteres, y no faltaban en la ciudad, como en todas las ciudades y pueblos del mundo, los conflictos y disputas. Por ejemplo, la B es enemiga jurada de la letra N, y por ello jamás las encontrarás juntas, mientras que su hermana V opina que la M ocupa demasiado espacio, y la evita a toda costa.
La más elegante de la ciudad es la U, de la familia Vocales, que se adorna con sus cremillas para ocasiones especiales en que sale a pasear con su novio G y uno de sus hermanos favoritos, E ó I, que van de chaperones. Por otro lado está la Q, que es tan tímida, que no sale de su casa si es que no la acompaña su amiga U, y alguno de sus hermanos favoritos (las malas lenguas comentan que Q está perdidamente enamorada de E, y por eso salen tanto juntos, pero no deberíamos prestar oídos a comentarios tan malintencionados).
En esta ciudad, hay una pequeña casita, entre la de la C y la de las bulliciosas Vocales. La casa es colorida, como la de toda la ciudad, con ventanas azules y paredes amarillas, pero en esta casa hay algo que es diferente a todas las demás. En esta casa no hay ruido, en esta casa no hay sonido. ¿Adivinaron de quién es la casa? Pues sí: ¡es la casa de H!
H es una letra diferente: no le gusta salir mucho, y cuando hay fiesta en la ciudad, nunca participa del algarabío de las demás letras.
-¿Para qué ir?- se pregunta con tristeza en esas ocasiones -Nadie me escucha, de todas maneras.
A veces visita a sus vecinos, y la C que es tan buena anfitriona, cambia de sonido cuando está ella, para hacerla sentir que tiene sonido propio. Pero H, aunque le proporciona cierto consuelo, sabe que no es lo mismo. De vez en cuando también va a las fiestas que dan sus vecinos Vocales, pero no son tan considerados con ella, y siempre se siente perdida entre ellos.
Una tarde lloraba H en su dormitorio, en silencio como siempre, mientras se angustiaba y pensaba:
-¡Qué tristeza! ¡Qué miserable soy! Sin sonido, nadie me escucha... Cuando los hombres escriben, muchos me maldicen, me consideran inútil. ¡Tantas veces se han olvidado de mí! ¡Tantas veces me han ignorado! ¡Y a veces, me juntan con letras a las que no pertenezco, y debo aguantar los reproches y recriminaciones de mis colegas por estar mal ubicada! Si tan sólo pudiera ser como mi prima inglesa, que aprendió de la J un suave sonido similar al de ella...- lloraba y lloraba, abrazada a una almohada.
En eso estaba, nuestra pobre amiga H, cuando sintió unos golpes furtivos en la puerta. Caminó hacia la puerta, temerosa de que las demás letras hubieran decidido exiliarla por inservible, y estuvieran esperando afuera para decirle que no la querían más ahí.
Antes de abrir, miró por la ventanilla de su puerta, pero no pudo reconocer a su visitante. Se parecía vagamente a uno de sus vecinos, el que se llamaba O, pero era considerablemente más delgado. Llevaba un sombrero de ala, y miraba con nerviosismo a su alrededor. H intrigada abrió su puerta con cautela.
-¡Ya era hora! Pensé que tendría que informar que mi misión había fracasado... ¿Puedo entrar, supongo?- parloteaba el desconocido personaje, mientras apartaba a H, para entrar y acomodarse en el sillón. -Tú debes ser H, igualita a la de la foto. No hablas mucho, por lo que veo, ja ja ja, ¿Entiendes? "No hablas mucho", ja ja ja.
H mientras tanto lo miraba con cara de duda, sin saber si reir con el invitado por cortesía, o echarlo a patadas de su casa. Pero como todavía no se enteraba ni quién era, ni porqué había venido a verla, ni cómo sabía de su existencia, y H, como toda mujer era curiosa, decidió esperar a que se explicara.
-Bueno, bueno, no estamos de humor para bromas, parece... Vamos a nuestro asunto, entonces. Me llamo 0, Agente Cero para ti. Pertenezco a la Ciudad de los Números, a un día de distancia de aquí. He viajado mucho para encontrarte. - Empezó a explicar el Agente Cero, mientras H seguía sin entender nada.
-Trabajo para la JSL, también conocida como la Junta de Seguridad de Letras. Quizás has escuchado de nosotros. - continuó serio el Agente - Nuestro trabajo es garantizar la seguridad del País de las Letras. Y te necesitamos. El país te necesita...
Si hubiera podido hablar, H hubiera quedado muda de la impresión. El Agente Cero había hecho una pausa dramática, pero como su interlocutor no podía emitir sonido, después de unos segundos se rindió, y prosiguió:
-Yo era como tú. En mi ciudad, todo era en base a cantidades. Siempre se burlaban de mí, recordándome que no valía nada por mí solo. Pero entonces me encontró la JSL y mi vida cambió. Todas las razones por las que había sido objeto de burla durante años, resultaban ser precisamente las razones por las que le resultaba interesante a la JSL. Mi capacidad de pasar inadvertido, de no ser notado, de que no me den importancia, me han transformado en el mejor Agente Secreto de la JSL.
-Mi único problema, es que estoy restringido a las áreas matemáticas. Se me dan muy pocas oportunidades de indagar entre cuentos y libros. Es por eso que te necesitamos. Porque tú puedes estar ahí, sin ser notada, sin ser escuchada. Necesitamos asegurarnos de que los hombres no nos olviden, de que nos están dando un buen uso, ¡y tú eres la letra indicada para esta misión!
H no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Ella, una espía? ¿Encargada de garantizar un futuro a las Letras de todo el país? Cierto que ella podía pasar por las palabras de los hombres sin ser escuchada. Podía infiltrarse en la mente de los escritores, para conocer sus pensamientos y llamar a las musas adecuadas. Y mientras más lo pensaba, más se convencía de que era posible, que ella, la silenciosa H, fuera una letra importante, como todas las demás letras de su ciudad, o quizás aún más.
H aceptó, y se transformó en la Agente Secreta 00H. Ya sin cuestionarse su falta de sonido, aprendió a usarla a su favor, para esconderse en cada "Hola" con que nos saludamos los seres humanos, con el objeto de conocer nuestras conversaciones e indagar en nuestros pensamientos, recordándonos que las letras existen, inspirándonos a conocerlas y respetarlas. Aprendió que podía hacer una diferencia entre sonidos, sólo con estar en una palabra, y que entre "Hay" y "Ay", existe una gran diferencia. Y ahora, a H ya no le importa no tener un sonido, ya no envidia a su prima inglesa, pues ahora sabe, que con sonido o sin él, no se podrían escribir tantos cuentos como hay repartidos en toda la Iberoamérica de los hombres.
Ahora sabes por qué la letra H es tan importante, como cuida y vela por todas las demás letras. Esta historia es de verdad, me la contó ella misma, para que la ayudara a recordar a todos los niños que deben escribirla donde corresponde, que no se olviden de ella, ni la cambien de lugar. ¿Ayudas a mi amiga H a cumplir su misión?
FIN
En esta ciudad viven todas las letras que conoces, desde la A hasta la Z. Pero como te puedes imaginar, todas las letras tienen diferentes carácteres, y no faltaban en la ciudad, como en todas las ciudades y pueblos del mundo, los conflictos y disputas. Por ejemplo, la B es enemiga jurada de la letra N, y por ello jamás las encontrarás juntas, mientras que su hermana V opina que la M ocupa demasiado espacio, y la evita a toda costa.
La más elegante de la ciudad es la U, de la familia Vocales, que se adorna con sus cremillas para ocasiones especiales en que sale a pasear con su novio G y uno de sus hermanos favoritos, E ó I, que van de chaperones. Por otro lado está la Q, que es tan tímida, que no sale de su casa si es que no la acompaña su amiga U, y alguno de sus hermanos favoritos (las malas lenguas comentan que Q está perdidamente enamorada de E, y por eso salen tanto juntos, pero no deberíamos prestar oídos a comentarios tan malintencionados).
En esta ciudad, hay una pequeña casita, entre la de la C y la de las bulliciosas Vocales. La casa es colorida, como la de toda la ciudad, con ventanas azules y paredes amarillas, pero en esta casa hay algo que es diferente a todas las demás. En esta casa no hay ruido, en esta casa no hay sonido. ¿Adivinaron de quién es la casa? Pues sí: ¡es la casa de H!
H es una letra diferente: no le gusta salir mucho, y cuando hay fiesta en la ciudad, nunca participa del algarabío de las demás letras.
-¿Para qué ir?- se pregunta con tristeza en esas ocasiones -Nadie me escucha, de todas maneras.
A veces visita a sus vecinos, y la C que es tan buena anfitriona, cambia de sonido cuando está ella, para hacerla sentir que tiene sonido propio. Pero H, aunque le proporciona cierto consuelo, sabe que no es lo mismo. De vez en cuando también va a las fiestas que dan sus vecinos Vocales, pero no son tan considerados con ella, y siempre se siente perdida entre ellos.
Una tarde lloraba H en su dormitorio, en silencio como siempre, mientras se angustiaba y pensaba:
-¡Qué tristeza! ¡Qué miserable soy! Sin sonido, nadie me escucha... Cuando los hombres escriben, muchos me maldicen, me consideran inútil. ¡Tantas veces se han olvidado de mí! ¡Tantas veces me han ignorado! ¡Y a veces, me juntan con letras a las que no pertenezco, y debo aguantar los reproches y recriminaciones de mis colegas por estar mal ubicada! Si tan sólo pudiera ser como mi prima inglesa, que aprendió de la J un suave sonido similar al de ella...- lloraba y lloraba, abrazada a una almohada.
En eso estaba, nuestra pobre amiga H, cuando sintió unos golpes furtivos en la puerta. Caminó hacia la puerta, temerosa de que las demás letras hubieran decidido exiliarla por inservible, y estuvieran esperando afuera para decirle que no la querían más ahí.
Antes de abrir, miró por la ventanilla de su puerta, pero no pudo reconocer a su visitante. Se parecía vagamente a uno de sus vecinos, el que se llamaba O, pero era considerablemente más delgado. Llevaba un sombrero de ala, y miraba con nerviosismo a su alrededor. H intrigada abrió su puerta con cautela.
-¡Ya era hora! Pensé que tendría que informar que mi misión había fracasado... ¿Puedo entrar, supongo?- parloteaba el desconocido personaje, mientras apartaba a H, para entrar y acomodarse en el sillón. -Tú debes ser H, igualita a la de la foto. No hablas mucho, por lo que veo, ja ja ja, ¿Entiendes? "No hablas mucho", ja ja ja.
H mientras tanto lo miraba con cara de duda, sin saber si reir con el invitado por cortesía, o echarlo a patadas de su casa. Pero como todavía no se enteraba ni quién era, ni porqué había venido a verla, ni cómo sabía de su existencia, y H, como toda mujer era curiosa, decidió esperar a que se explicara.
-Bueno, bueno, no estamos de humor para bromas, parece... Vamos a nuestro asunto, entonces. Me llamo 0, Agente Cero para ti. Pertenezco a la Ciudad de los Números, a un día de distancia de aquí. He viajado mucho para encontrarte. - Empezó a explicar el Agente Cero, mientras H seguía sin entender nada.
-Trabajo para la JSL, también conocida como la Junta de Seguridad de Letras. Quizás has escuchado de nosotros. - continuó serio el Agente - Nuestro trabajo es garantizar la seguridad del País de las Letras. Y te necesitamos. El país te necesita...
Si hubiera podido hablar, H hubiera quedado muda de la impresión. El Agente Cero había hecho una pausa dramática, pero como su interlocutor no podía emitir sonido, después de unos segundos se rindió, y prosiguió:
-Yo era como tú. En mi ciudad, todo era en base a cantidades. Siempre se burlaban de mí, recordándome que no valía nada por mí solo. Pero entonces me encontró la JSL y mi vida cambió. Todas las razones por las que había sido objeto de burla durante años, resultaban ser precisamente las razones por las que le resultaba interesante a la JSL. Mi capacidad de pasar inadvertido, de no ser notado, de que no me den importancia, me han transformado en el mejor Agente Secreto de la JSL.
-Mi único problema, es que estoy restringido a las áreas matemáticas. Se me dan muy pocas oportunidades de indagar entre cuentos y libros. Es por eso que te necesitamos. Porque tú puedes estar ahí, sin ser notada, sin ser escuchada. Necesitamos asegurarnos de que los hombres no nos olviden, de que nos están dando un buen uso, ¡y tú eres la letra indicada para esta misión!
H no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Ella, una espía? ¿Encargada de garantizar un futuro a las Letras de todo el país? Cierto que ella podía pasar por las palabras de los hombres sin ser escuchada. Podía infiltrarse en la mente de los escritores, para conocer sus pensamientos y llamar a las musas adecuadas. Y mientras más lo pensaba, más se convencía de que era posible, que ella, la silenciosa H, fuera una letra importante, como todas las demás letras de su ciudad, o quizás aún más.
H aceptó, y se transformó en la Agente Secreta 00H. Ya sin cuestionarse su falta de sonido, aprendió a usarla a su favor, para esconderse en cada "Hola" con que nos saludamos los seres humanos, con el objeto de conocer nuestras conversaciones e indagar en nuestros pensamientos, recordándonos que las letras existen, inspirándonos a conocerlas y respetarlas. Aprendió que podía hacer una diferencia entre sonidos, sólo con estar en una palabra, y que entre "Hay" y "Ay", existe una gran diferencia. Y ahora, a H ya no le importa no tener un sonido, ya no envidia a su prima inglesa, pues ahora sabe, que con sonido o sin él, no se podrían escribir tantos cuentos como hay repartidos en toda la Iberoamérica de los hombres.
Ahora sabes por qué la letra H es tan importante, como cuida y vela por todas las demás letras. Esta historia es de verdad, me la contó ella misma, para que la ayudara a recordar a todos los niños que deben escribirla donde corresponde, que no se olviden de ella, ni la cambien de lugar. ¿Ayudas a mi amiga H a cumplir su misión?
FIN
15 mayo 2008
He vuelto
He vuelto. Algunos ya lo saben, ya me han visto, otros no. Pero he vuelto.
Me preguntan si ya me acostumbré. Pero en verdad no hay mucho a lo que acostumbrarse. A que me levanten temprano a lo mejor. Pero a eso estoy resignada.
No tengo mucho que decir. O a lo mejor sí, pero no sé qué. Sólo quería dejar constancia de que he vuelto. Así que... supongo que nos veremos... No veo por qué no...
Eso. Nos vemos...
Me preguntan si ya me acostumbré. Pero en verdad no hay mucho a lo que acostumbrarse. A que me levanten temprano a lo mejor. Pero a eso estoy resignada.
No tengo mucho que decir. O a lo mejor sí, pero no sé qué. Sólo quería dejar constancia de que he vuelto. Así que... supongo que nos veremos... No veo por qué no...
Eso. Nos vemos...
05 mayo 2008
Empatía
Empatía, según la Real Academia de la Lengua Española, es la "identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo del otro". Otra fuente dice que la empatía es "la capacidad de poder experimentar la realidad subjetiva de otro individuo sin perder de perspectiva tu propio marco de la realidad, con la finalidad de poder guiar al otro a que pueda experimentar sus sentimientos de una forma completa e inmediata."
Nótese que lo destacado menciona lo que el OTRO siente. Nada dice de tratar de hacerlo cambiar. Nada dice de cambiar sus sentimientos por lo que tú supones que el otro debiera sentir, o como a ti te gustaría que se sintiera. A lo más sugiere la posibilidad de ayudarlo a hacer catársis. Aunque si entiendes al otro, sabes cuándo es necesaria esa catársis y cuándo simplemente dejarlo en paz.
Yo sé que tú te lo vas a tomar en la onda personal... Y sabes que te hablo a ti. Solamente quisiera que tú y el resto del mundo que pretenda tomarse la molestia de leer esto entienda que no se trata de levantarme el ánimo. Que tengo el derecho de tener lata, o de no querer hablar de ello. Que tengo el derecho de no querer volver y perder lo que he ganado. Y que tengo derecho a lamentar mis pérdidas. Y eso no significa que caeré en la depresión más profunda... Estar siempre alegre me haría una persona totalmente anormal. Lo sano es adaptarse a las circunstancias, y así como hay momentos para estar alegres, también hay momentos para no estarlo. Eso es todo. No es la gran cosa.
Este es un minuto en que simplemente no me siento completamente feliz. Y no es que haya perdido de vista las cosas positivas de volver, que hay muchas. Pero lo cierto es que también es duro tener que enfrentar mis circunstancias nuevamente, cuando es mucho más cómodo "ser" sin restricciones. Tengo el derecho de lamentar que perderé mi libertad. Y no necesito que me levanten el ánimo o me den consuelos insignificantes y sin sentido. Es como discutirle a un agonizante que no debe sentirse mal por ello. Está en su derecho. OK... el ejemplo es un poco extremo, pero es la verdad. Seamos más leves. Si alguien se enferma, es natural que se sienta triste y mal por un tiempo. No es fácil, y todo el mundo lo entiende. El punto es que en agún minuto tiene que decir "c'est la vie" y seguir adelante. Pero si nunca pasa por el periodo de duelo, tampoco puedes decir que eso es saludable. Sería extraño que le anunciaras a alguien que tiene cáncer o algo así y te respondiera con una sonrisa de oreja a oreja, de buenas a primeras "¡cool, me alegro que haya quimioterapia!". Y si se siente mal, le dirás que todo estará bien, que no se preocupe, y lo dejarás un rato tranquilo para que lo asimile, y no disturbarlo, pero tampoco esperas que la persona inmediatamente reaccione, sonría y te diga "¡¡oh, tienes razón, no hay nada de qué preocuparse!!". Probablemente pienses que es un maniaco que tiene algo planeado, o que simplemente no entendió lo que le dijiste.
Como sea. Me carga que me digan que no tengo que sentir lo que siento. Que me nieguen mis periodos de duelo. Detesto que me pidan explicaciones, porque si no las doy es porque no las quiero dar y punto. Sé que tus intenciones son buenas, pero a veces simplemente quiero cambiar el tema. ¿Será que es tan dificil de entender?
Nótese que lo destacado menciona lo que el OTRO siente. Nada dice de tratar de hacerlo cambiar. Nada dice de cambiar sus sentimientos por lo que tú supones que el otro debiera sentir, o como a ti te gustaría que se sintiera. A lo más sugiere la posibilidad de ayudarlo a hacer catársis. Aunque si entiendes al otro, sabes cuándo es necesaria esa catársis y cuándo simplemente dejarlo en paz.
Yo sé que tú te lo vas a tomar en la onda personal... Y sabes que te hablo a ti. Solamente quisiera que tú y el resto del mundo que pretenda tomarse la molestia de leer esto entienda que no se trata de levantarme el ánimo. Que tengo el derecho de tener lata, o de no querer hablar de ello. Que tengo el derecho de no querer volver y perder lo que he ganado. Y que tengo derecho a lamentar mis pérdidas. Y eso no significa que caeré en la depresión más profunda... Estar siempre alegre me haría una persona totalmente anormal. Lo sano es adaptarse a las circunstancias, y así como hay momentos para estar alegres, también hay momentos para no estarlo. Eso es todo. No es la gran cosa.
Este es un minuto en que simplemente no me siento completamente feliz. Y no es que haya perdido de vista las cosas positivas de volver, que hay muchas. Pero lo cierto es que también es duro tener que enfrentar mis circunstancias nuevamente, cuando es mucho más cómodo "ser" sin restricciones. Tengo el derecho de lamentar que perderé mi libertad. Y no necesito que me levanten el ánimo o me den consuelos insignificantes y sin sentido. Es como discutirle a un agonizante que no debe sentirse mal por ello. Está en su derecho. OK... el ejemplo es un poco extremo, pero es la verdad. Seamos más leves. Si alguien se enferma, es natural que se sienta triste y mal por un tiempo. No es fácil, y todo el mundo lo entiende. El punto es que en agún minuto tiene que decir "c'est la vie" y seguir adelante. Pero si nunca pasa por el periodo de duelo, tampoco puedes decir que eso es saludable. Sería extraño que le anunciaras a alguien que tiene cáncer o algo así y te respondiera con una sonrisa de oreja a oreja, de buenas a primeras "¡cool, me alegro que haya quimioterapia!". Y si se siente mal, le dirás que todo estará bien, que no se preocupe, y lo dejarás un rato tranquilo para que lo asimile, y no disturbarlo, pero tampoco esperas que la persona inmediatamente reaccione, sonría y te diga "¡¡oh, tienes razón, no hay nada de qué preocuparse!!". Probablemente pienses que es un maniaco que tiene algo planeado, o que simplemente no entendió lo que le dijiste.
Como sea. Me carga que me digan que no tengo que sentir lo que siento. Que me nieguen mis periodos de duelo. Detesto que me pidan explicaciones, porque si no las doy es porque no las quiero dar y punto. Sé que tus intenciones son buenas, pero a veces simplemente quiero cambiar el tema. ¿Será que es tan dificil de entender?
01 mayo 2008
Small Town Girl
Estoy escribiendo desde London, Ontario... Una pequeña ciudad a dos horas de Toronto. Desde que dije que venía para acá, e incluso los mismos lugareños, no han parado de preguntarme si tengo parientes acá o algo así. Necesitan una explicación, porque aparentemente no les cabe en la cabeza que alguien quiera venir acá porque sí. Cuando les explico que sólo tomé el mapa y seleccioné un lugar al azar, me miran con cara de "aaaaaaaaaaah... mmm... no entiendo..."
Una lugareña me dijo que durante el año académico era entretenido por la población universitaria del lugar, pero ahora que la clases terminaron "no hay nada que hacer". Y no sé cuál es la maldita manía de la gente de ir a lugares a "hacer" algo. ¿Por qué es que la gente no puede ir a lugares simplemente a "estar" o, mejor aún, a "ser"?
Siento desconcertarlos. Pero a pesar de haber nacido, y vivido toda mi vida en la capital y ahora, por cuatros meses, en una gran ciudad como Toronto, siempre he preferido las ciudades pequeñas. Nunca me han gustado los tumultos, nunca me ha gustado estar donde están todos, y siempre he preferido estar en mi onda, en mi mundo, e incluso sola... Evito las muchedumbres, no voy a conciertos, y detesto que los desconocidos me toquen o me empujen a causa de la falta de espacio. En las pequeñas ciudades hay menos gente, más espacio, más aire...
Por otro lado me encanta pertenecer a espacios familiares, y tener rutinas amigables. Como que te conozcan en el supermercado, o en el restaurant. El concepto de pedir "lo de siempre" es una especie de sueño dorado.
Creo que también es la razón por la que me encanta mi universidad. Pequeña, amigable y cordial. Un micromundo en el que todo es familiar y simple. Menos complicado. Con menos presión.
Quisiera poder vivir en una pequeña ciudad algún día. Una con menos aires de grandeza. Una en que no importe que no tenga nada que hacer. En que pueda sentarme en la plaza o en una banca cualquiera sin que me pregunten "qué estoy haciendo". La gente debería olvidarse de ese concepto conmigo. Yo no hago nada. O hago todo. Hago lo que quiero. Ahora mismo hice un descanso porque estoy traduciendo un libro de marketing completo. Estoy haciéndolo. Pero por que quiero. Es totalmente diferente. Es casi como "no hacer haciendo". Es de puro ociosa. Un ocio bien canalizado, en todo caso.
En fin. Llego a Santiago el martes en la mañana. Nos vemos pronto!
Una lugareña me dijo que durante el año académico era entretenido por la población universitaria del lugar, pero ahora que la clases terminaron "no hay nada que hacer". Y no sé cuál es la maldita manía de la gente de ir a lugares a "hacer" algo. ¿Por qué es que la gente no puede ir a lugares simplemente a "estar" o, mejor aún, a "ser"?
Siento desconcertarlos. Pero a pesar de haber nacido, y vivido toda mi vida en la capital y ahora, por cuatros meses, en una gran ciudad como Toronto, siempre he preferido las ciudades pequeñas. Nunca me han gustado los tumultos, nunca me ha gustado estar donde están todos, y siempre he preferido estar en mi onda, en mi mundo, e incluso sola... Evito las muchedumbres, no voy a conciertos, y detesto que los desconocidos me toquen o me empujen a causa de la falta de espacio. En las pequeñas ciudades hay menos gente, más espacio, más aire...
Por otro lado me encanta pertenecer a espacios familiares, y tener rutinas amigables. Como que te conozcan en el supermercado, o en el restaurant. El concepto de pedir "lo de siempre" es una especie de sueño dorado.
Creo que también es la razón por la que me encanta mi universidad. Pequeña, amigable y cordial. Un micromundo en el que todo es familiar y simple. Menos complicado. Con menos presión.
Quisiera poder vivir en una pequeña ciudad algún día. Una con menos aires de grandeza. Una en que no importe que no tenga nada que hacer. En que pueda sentarme en la plaza o en una banca cualquiera sin que me pregunten "qué estoy haciendo". La gente debería olvidarse de ese concepto conmigo. Yo no hago nada. O hago todo. Hago lo que quiero. Ahora mismo hice un descanso porque estoy traduciendo un libro de marketing completo. Estoy haciéndolo. Pero por que quiero. Es totalmente diferente. Es casi como "no hacer haciendo". Es de puro ociosa. Un ocio bien canalizado, en todo caso.
En fin. Llego a Santiago el martes en la mañana. Nos vemos pronto!
25 abril 2008
Voto por no complicarse la existencia

Es extraño el cómo soy. No es que sea la media novedad. Pero hasta yo me sorprendo a veces. No sé qué pasa con mi sensibilidad. Es como que estuviera encerrada y destinada sólo para ocasiones especiales. Y el resto del tiempo, simplemente se queda dónde la dejé para que no intervenga en mi línea de pensamientos.
Será que soy demasiado práctica. O quizás que soy tan operada de los nervios, que mi lógica indica que nada importa demasiado. Quizás me pongo el parche antes de la herida y escondo esa parte sensible de mí para que no sea "inevitablemente" herida. Y la escondo tan bien, que a veces ni yo misma sé dónde la escondí. Mi punto es que hay ciertas cosas que deberían afectarme. Y no. Me sorprendo a mí misma al descubrir que no me importa un cuezco. Y lo lógico, según los "estándares sociales" es que me debería importar. Pero tampoco me importa lo que digan esos famosos estándares. O lo que otra gente piense respecto a nada. Creo que cada uno debiera ocuparse de sus propios asuntos y dejar al resto en paz.
No sé... suena a que soy una alienada o algo así. Y quizás lo soy en cierta medida. Es que en general, y sin ofender, encuentro a la gente tan... ABURRIDA. Y molesta. Se preocupan de tantas tonteras... hacen tormentas en vasos de agua, lloran con películas, están siempre tan pendientes de "encajar", de lo que el resto piensa... Parte de mí no lo entiende. Otra parte de mí lo racionaliza considerándolos seres dependientes e inseguros... lo cuál no es muy halagador... y tampoco me hace desear involucrarlos más de lo conveniente en mi vida.
Es tan difícil encontrar a alguien realmente complejo. Alguien con una profundidad mayor a la de una almeja. Y lo divertido es que esa gente "compleja", resulta mucho más simple que el resto. Porque no se calientan la cabeza. Porque hacen lo que quieren, cuando quieren y no vienen con segundas intenciones, ni dicen algo que no pretenden decir en verdad. Son fieles a ellos mismos. Y son capaces de entender una verdad tan compleja como que la vida es tan simple como nosotros permitimos que lo sea...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)