Estoy escribiendo desde London, Ontario... Una pequeña ciudad a dos horas de Toronto. Desde que dije que venía para acá, e incluso los mismos lugareños, no han parado de preguntarme si tengo parientes acá o algo así. Necesitan una explicación, porque aparentemente no les cabe en la cabeza que alguien quiera venir acá porque sí. Cuando les explico que sólo tomé el mapa y seleccioné un lugar al azar, me miran con cara de "aaaaaaaaaaah... mmm... no entiendo..."
Una lugareña me dijo que durante el año académico era entretenido por la población universitaria del lugar, pero ahora que la clases terminaron "no hay nada que hacer". Y no sé cuál es la maldita manía de la gente de ir a lugares a "hacer" algo. ¿Por qué es que la gente no puede ir a lugares simplemente a "estar" o, mejor aún, a "ser"?
Siento desconcertarlos. Pero a pesar de haber nacido, y vivido toda mi vida en la capital y ahora, por cuatros meses, en una gran ciudad como Toronto, siempre he preferido las ciudades pequeñas. Nunca me han gustado los tumultos, nunca me ha gustado estar donde están todos, y siempre he preferido estar en mi onda, en mi mundo, e incluso sola... Evito las muchedumbres, no voy a conciertos, y detesto que los desconocidos me toquen o me empujen a causa de la falta de espacio. En las pequeñas ciudades hay menos gente, más espacio, más aire...
Por otro lado me encanta pertenecer a espacios familiares, y tener rutinas amigables. Como que te conozcan en el supermercado, o en el restaurant. El concepto de pedir "lo de siempre" es una especie de sueño dorado.
Creo que también es la razón por la que me encanta mi universidad. Pequeña, amigable y cordial. Un micromundo en el que todo es familiar y simple. Menos complicado. Con menos presión.
Quisiera poder vivir en una pequeña ciudad algún día. Una con menos aires de grandeza. Una en que no importe que no tenga nada que hacer. En que pueda sentarme en la plaza o en una banca cualquiera sin que me pregunten "qué estoy haciendo". La gente debería olvidarse de ese concepto conmigo. Yo no hago nada. O hago todo. Hago lo que quiero. Ahora mismo hice un descanso porque estoy traduciendo un libro de marketing completo. Estoy haciéndolo. Pero por que quiero. Es totalmente diferente. Es casi como "no hacer haciendo". Es de puro ociosa. Un ocio bien canalizado, en todo caso.
En fin. Llego a Santiago el martes en la mañana. Nos vemos pronto!
01 mayo 2008
25 abril 2008
Voto por no complicarse la existencia

Es extraño el cómo soy. No es que sea la media novedad. Pero hasta yo me sorprendo a veces. No sé qué pasa con mi sensibilidad. Es como que estuviera encerrada y destinada sólo para ocasiones especiales. Y el resto del tiempo, simplemente se queda dónde la dejé para que no intervenga en mi línea de pensamientos.
Será que soy demasiado práctica. O quizás que soy tan operada de los nervios, que mi lógica indica que nada importa demasiado. Quizás me pongo el parche antes de la herida y escondo esa parte sensible de mí para que no sea "inevitablemente" herida. Y la escondo tan bien, que a veces ni yo misma sé dónde la escondí. Mi punto es que hay ciertas cosas que deberían afectarme. Y no. Me sorprendo a mí misma al descubrir que no me importa un cuezco. Y lo lógico, según los "estándares sociales" es que me debería importar. Pero tampoco me importa lo que digan esos famosos estándares. O lo que otra gente piense respecto a nada. Creo que cada uno debiera ocuparse de sus propios asuntos y dejar al resto en paz.
No sé... suena a que soy una alienada o algo así. Y quizás lo soy en cierta medida. Es que en general, y sin ofender, encuentro a la gente tan... ABURRIDA. Y molesta. Se preocupan de tantas tonteras... hacen tormentas en vasos de agua, lloran con películas, están siempre tan pendientes de "encajar", de lo que el resto piensa... Parte de mí no lo entiende. Otra parte de mí lo racionaliza considerándolos seres dependientes e inseguros... lo cuál no es muy halagador... y tampoco me hace desear involucrarlos más de lo conveniente en mi vida.
Es tan difícil encontrar a alguien realmente complejo. Alguien con una profundidad mayor a la de una almeja. Y lo divertido es que esa gente "compleja", resulta mucho más simple que el resto. Porque no se calientan la cabeza. Porque hacen lo que quieren, cuando quieren y no vienen con segundas intenciones, ni dicen algo que no pretenden decir en verdad. Son fieles a ellos mismos. Y son capaces de entender una verdad tan compleja como que la vida es tan simple como nosotros permitimos que lo sea...
31 marzo 2008
Se ofrece servicio de espátula a quien lo requiera

He estado pensando en las relaciones de pareja. Demasiadas cosas vienen a mi mente. La mayoría de las cosas que he aprendido al respecto, se basan en la observación y análisis de las experiencias ajenas. Nunca he tenido mucha suerte en este aspecto...
Veamos un breve recuento: el niño que me gustó entre kinder y segundo básico, jamás me pescó; mi "primer beso" a los 8 años, fue producto de la curiosidad infantil y el deseo de saber, sin ni pizca de romanticismo, y además él estaba declaradamente enamorado (o tan enamorado como se puede estar a los 8 años) de otra niña... y después de eso, le bajaron las timideces, y me evitó para siempre... ; después, como a los 11 o 12, creo que el sentimiento era mutuo, pero nunca dijimos o hicimos nada al respecto; a los 12, se me declararon, y yo no tenía ni un interés en el susodicho; nos saltamos a los 14, en que el interés también fue mutuo, pero aunque se dieron las oportunidades, fui una maldita cobarde y no me atreví a dar el beso pedido; ni hablar de los 15, 16, 17 y los años en adelante, cuando conocí al único que puedo catalogar como el amor de mi vida y que me quedó penando por 9 años... y aún ahora, a veces me pregunto si en verdad lo purgué del todo; todos los que vienen después, un poco más de lo mismo: me gusta, no le gusto, o le gusto y no me gusta, o nos gustamos y no pasa nada. Woo-hoo... lucky me...
Cuento aparte son mis relaciones "oficiales" con pololeo incluido, sólo dos en 25, casi 26 años de vida... ambas iniciadas por las razones incorrectas, ambas acabadas con algún grado de alivio de mi parte, y ambas duraron menos que un candy... aunque a ratos se me hacía eterno.
Revisemos esos dos magnos eventos, y, por favor, los expongo sólo como objeto de análisis, no por pelar. De todas maneras las relaciones están cortadas con ambos, así que dudo que lleguen a leer esto. Pero en caso de que lo hagan, lo siento mucho, y si les molesta, lo siento más.
Mi primer pololo. Eramos amigos. Ibamos al cine juntos, aunque él solía dormirse casi todas las veces. Cuando me pidió pololeo, lo hizo de forma tan casual, que realmente no atiné a que me estaba pidiendo pololeo. Le dije que sí, sin saber que le estaba diciendo que sí. Para cuando me di cuenta, me estaba dando un beso, y mi pensamiento fue "Oops... parece que la embarré... pero en una de esas... somos amigos y lo aprecio... a lo mejor resulta". Lección N°1: no resulta. A los tres meses, ya no lo aguantaba. Quiero decir, cuando éramos amigos, nos veíamos los fines de semana y no tenía que aguantarlo cada maldito día. Y lo siento, pero la paciencia no es uno de mis puntos fuertes. Y yo no sé si estaba enamorado, pero parece que sí. Pregúntenle a él, no a mí. Debo decir que en todo caso, sentí mucho el arruinar esa amistad, y el hacerlo sufrir. No me gusta herir a nadie, pero lo cierto es que ya no podía seguir...
Muchas cosas pasaron entre medio. Me liberé de varias trancas, fui libre, y analicé hasta dónde estaba dispuesta a llegar. Y entonces para variar, caí rendida ante un tipo que nunca supe qué diablos quería de mí... Que a veces parecía que sí le gustaba, que a veces parecía que no... y era la clase de hombre del que podría haberme enamorado si hubiera tenido la oportunidad. Todo esto, coincidió con otros grandes cambios en mi vida, y el resultado: me encontré sola, frágil y carente de afecto... Consecuencia: caí con el primer tipo que pareció quererme un poco, también conocido como mi segundo pololo.
Es tonto, pero la verdad es que me hirió bastante... no es que estuviera enamorada, pero estaba frágil, y mi autoestima no estaba en el nivel normal. Así que él, supongo que sin querer (o eso espero) me manipuló victimizándose, culpándome por todo, hiriéndome más y más en el proceso. Sostendré hasta el fin de mis días, que lo que él sentía no era amor... era tan solo necesidad. Y yo, en mi extraña combinación de fragilidad y fortaleza, me vi exigida a ser fuerte para él. El lado negativo: terminé agotada emocionalmente y con más problemas de autoestima que antes, pues nunca parecía ser lo suficientemente buena para él. El lado positivo: me sirvió para construir la suficiente fortaleza de ánimo como para preguntarme qué diablos estaba haciendo con este tipo a mi lado. Nuevamente hice sufrir a alguien más, nuevamente lo sentí mucho, pero... qué diablos... el papel de víctima le sienta mejor a él que a mí...
Después de eso, nada... más desventuras amorosas y ya. Y creo que en verdad estoy un poco harta de tener que lidiar con ello. Sería todo mucho más fácil si quedara en el plano racional sin involucrar confusas emociones. Hacer lo que conviene hacer, elegir correctamente, ahorrarse equivocaciones y penas. O simplemente, pasarla bien. Pero supongo que todo es parte del crecer. O eso dicen. Al menos tengo de mi parte una mente demasiado analítica como para no aprender de mis errores. O de los ajenos. De mi última relación aprendí que no debo involucrarme con nadie si no estoy bien primero conmigo misma. Supongo que ese es el quid de la cuestión. Y encontrar las razones correctas, las personas correctas, que el sentimiento sea mutuo, no manipular, ni dejarse manipular. Uff... Es más complicado de lo que suena, lamentablemente.
Lo bueno, es que siempre hay alguien con quien contar... un hombro en el cual llorar, un confidente, un amig@ que te apoya y te recoge con espátula desde el suelo donde quedaste tirado, si es necesario. Y que pase lo que pase, nunca te deja solo. Supongo que de todas estas desventuras, lo mejor que he sacado, es que puedo ser esa amiga, porque si hay alguien que entiende cuando las cosas no resultan o no salen como se planeó o soñó, esa soy yo. Así que, si alguien lo necesita... tengo la espátula lista (sirve para pegar "espatulazos" también, por si acaso...)
Suficientes divagaciones por hoy. Besos a mis amigos
19 marzo 2008
Razones por las que necesito un peluche ahora

1) Porque son abrazables y acariciables.
2) Porque son lindos.
3) Porque son decorativos.
4) Porque no tengo ninguno acá.
5) Porque no importa lo lindos que sean, nunca salen con otras mujeres.
6) Porque quiero.
7) Porque no hablan.
8) Porque cuando estás chata, los puedes tirar lejos, sin que se rompan, enojen o importe mucho, pero ayuda a liberar tensiones.
9) Porque no importa lo ocupada que estés, y lo poco que lo pesques, cada vez que quieras lo encontrarás esperándote en tu cama, silla o donde sea que lo hayas dejado.
10) Porque jamás revelarán tus secretos.
11) Porque soy un poco infantil (y no me discutas).
12) Porque no hay que alimentarlos.
13) Porque permanecen contigo para siempre, con tal de que los trates medianamente bien (no hay que arrancarles los brazos, o los ojos, o cosas así... basta tirarlos contra la pared)
14) Porque pueden ser usados como proyectiles contra otras personas sin causar daño.
15) Porque no se enferman.
16) Porque a lo más te pueden dar alergia si acumulan mucho polvo, y eso se soluciona echándolos a la lavadora.
17) Porque nunca les importa cómo te veas.
18) Porque puedes dormir con varios de ellos, alternarlos y cambiarlos, y no queda el pelambrerío.
19) Porque no esperan nada de ti.
20) Porque no se pasan rollos.
21) Porque sí.
16 marzo 2008
Llorando por mis antojos

Sí... ya sé lo que van a decir: que no he escrito nada desde enero, que no doy noticias, y cuando se me ocurre escribir, no cuento nada de lo que he hecho. Lo cierto es que esta es la razón por la cual jamás logré llevar un diario de vida. Soy incapaz de llevar un recuento escrito de lo que he hecho o no, porque (a) generalmente no hago nada y no tengo nada que contar y (b) cuando hago cosas y tengo algo que contar, estoy muy ocupada haciéndolo como para escribir sobre ello. Por eso me gusta más escribir sobre las intrascendencias de la vida, en mis momentos de ocio... Y si no les gusta, pues, más que nada... es una lástima...
Establecido el hecho de que no les voy a detallar dos meses de mi estadía en Canadá, voy a comentar que son casi las 5 de la mañana... Y se preguntarán qué hago escribiendo tonteras a las 5 de la mañana de un día domingo. Pues la respuesta es que soy una atravezada. La noche del viernes pasé de largo. Y no, no fue carreteando... No, tampoco fue estudiando... La verdad ni yo sé qué pasó esa noche... Los hombres grises de Momo me están robando el tiempo... Me quedé haciendo pequeñas cosas en el computador (nada muy importante), y viendo tele, cuando de repente, me di cuenta que eran las 9 de la mañana... Un poco antes de las 10 estaba que me caía de sueño, y me fui a dormir.
Para cuando desperté, ya era domingo, pasaditas las 12 de la noche, y me quedé un rato flojeando, media desorientada, hasta que llegué a la conclusión que era domingo, y que tengo que arreglar mi horario, porque mañana lunes tengo que juntarme con un tipo a las 10 de la mañana, y además no puedo vivir de noche para siempre... Y mientras pensaba todo eso, en mi momento de semi-depertar, me di cuenta de que tenía unas ganas locas de comer pan de cebolla...
Y qué quieren. Si me conocen, saben que soy una tentada. En todo sentido. Para ser honesta, rayo en lo malcriada. Cuando me asalta un antojo, tengo que satisfacerlo. Quiero lo que quiero y no otra cosa, y más encima, lo quiero al tiro, porque no me gusta esperar innecesariamente.
Con la comida es medianamente simple... si es comprable, voy y compro lo que quiero comer, aunque tenga que viajar largas distancias para conseguirlo, o buscar en varios sitios. O si no, como ahora, voy y cocino. Lo divertido es que a veces amanezco con antojos de comer cosas que ni siquiera me gustan... En más de alguna ocasión muero por comer espinacas, que me cargan. Supongo que es mi cuerpo que exige alguno de sus componentes. A lo mejor es de puro extraña que soy, nomás...
Y bueno... hoy quería pan de cebolla. Busqué la receta, y lo hice. En este minuto está en el horno. Pan de cebolla y orégano. Se suponía que tenía que procesar la cebolla, pero no tengo procesadora, así que sólo la piqué bien finita, y me la lloré toda. Pero bueno... a veces hay que pagar el precio para tener lo que se quiere.
Tengo que ir a sacar el pan del horno. Si les interesa, de ahí les cuento cómo me quedó...
Saludos. Los extraño. No a todos. Sólo a los que se me antoja... ;)
17 enero 2008
Qué ha sido de mí...
Sí, sí... he sido una ingrata, y no he contado nada más desde que entré a clases... lo sé... pero es que realmente han sido días intensos. Pero después de una noche de sueño reparador (y después del reclamo de mi hermano) me parece justo actualizarlos sobre mi vida.
Veamos. Seamos ordenados; hagamos mini-capítulos:
Día 1. Primer día de clases.
Como ya saben, me levanté una hora antes, escribí hasta que me tocó irme a clases, y partí. Llegué, y todavía faltaba un ratito, y como la sala estaba ocupada me senté en un cómodo lobby a esperar. Cuando fue la hora, entré a la sala y me senté, como la alumna aplicada y responsable que soy, en la primera fila.
Era clase de Macroeconomía Intermedia II, que en teoría se parece a mi curso de Macroeconomía. La dicta un profesor de origen italiano, muy agradable, que hace puros ejemplos con pizzas y pastas. OK, llámenme chauvinista... Fue una clase explicatoria del programa, más una breve clase introductoria, tras la cual me dirigí a mi segunda clase: estadística II. A la salida un tipo se me acercó - de esos que no faltan en ningún lugar del mundo - para conversarme y me acompañó hasta casi llegar al edificio donde tenía mi otra clase. Y antes de que se pasen rollos, no es mi tipo...
La clase de macroeconmía era normal, unas 40-50 personas, lo cual considero razonable... En cambio, la clase de estadística II... uff... más de 150 personas en un auditorio. Me senté nuevamente en primera fila, al lado de una niña de origen asiático con la que me puse a conversar. Empezó la clase, que también fue básicamente lo mismo que la anterior (programa e introducción) pero el detalle es que el profesor es de origen Indio (de la India) y tiene un acento, que se le entiende la mitad de lo que dice: dice "van" en vez de "one" y "ve" en vez de "we".
Aunque en realidad lo peor no fue el acento, sino el hecho de que me di cuenta que mi curso de estadística I del semestre pasado, no me iba a servir de absolutamente nada. Menos mal, que sí hice estadística en medicina, así que algo sé... pero, el detalle es que en medicina estudié estadística por allá en el 2001-2002, y por lo tanto no lo tengo tan fresco en la memoria.
El profesor pidió que formaramos grupos para las futuras tareas, y la niña asiática con la que había estado conversando me invitó a formar parte de su grupo.
La tarde la pasé en la lavandería, mucho rato. La buena noticia: mi ropa quedó intacta.
Día 2. Más clases
Partí el día a la hora correcta esta vez, y fui a mi primera clase de finanzas. Es grande también, pero amé a mi profesor. Es divertido y dinámico. Su clase me gustó harto. No hubo laboratorio así que tuve 2 horas libres antes de mi siguiente clase. Almorcé, y fui a la tienda de libros usados a comprar el libro de estadística (igual me costó 70 dólares... auch), en el que por suerte se incluyen los capíulos del primer semestre de estadística.
Llegué a marketing, el cual es de partida un ramo que no me llama la atención, pero tampoco es taaaan fome. Supuestamente la clase termina a las 6, pero terminamos como a las 4 y media o algo así.
Volví a mi hotel, comí, y me acosté.
Día 3. Estadística y carrete
Dormí hasta tarde, me salté el desayuno, y me dediqué a estudiar estadísticas, desde el capítulo 1. La meta era de ahí al martes era estudiar los 7 capítulos correspondientes al semestre pasado, más el primer capítulo correspondiente a este semestre. No me estaba concentrando mucho, así que me empecé a hacer un resumen en el computador. Lo bueno es que descubrí el editor de ecuaciones en word, con lo cual puedo escribir el símbolo de promedio, y hacer ecuaciones que estén divididas. Yo y mis obsesiones por la perfección.
En la tarde, después de la comida, surgió el panorama de ir a este pub, en el que hay un piano, y un tipo toca y canta a pedido. Tenía clases a las 9 al día siguiente, pero decidí salir de todas maneras. Fue muy agradable, y entretenido. Incluso bailamos un rato, aunque no era un lugarpara bailar. Y el tipo del piano, era seco.
Día 4. Brf, y Salsa!
Me levanté a las 7, a pesar del carrete de la noche anterior, llegué media zombie a clases de Macroeconomía, pero no había nadie. De a poco empezaron a llegar, después de que había revisado mi horario, el programa y el mapa como 5 veces para asegurarme que estaba en el lugar correcto. Llegó como la mitad de la clase, pero extrañamente, el profesor no aparecía. Alguien llamó a un amigo, cuando supuestamente ya estabamos como 15 o 20 minutos tarde, y se enteró que el profe había avisado que a clase se cancelaba porque estaba enfermo. Lo había anunciado en el intranet a último minuto, así que nos podíamos ir.
Comentando nuestra lata con un chico de ahí (que TAMPOCO es mi tipo) nos pusimos a conversar, y me invitó un helado. Después nos despedimos, y yo llegué a tratar de estudiar estadística de nuevo, pero tenía tanto sueño que me dormí una siesta. En la noche habíamos quedado de ir a un club de salsa, así que debía reponerme.
En la noche fuimos a ese lugar y bailé hasta que me dio puntada.
Día 5. Saint Lawrence Market, Bahía y Baile
Fuimos a un mercado a que nos hicieran un tour. Es uno de los lugares más antiguos de Toronto, y nos hicieron un tour, nos hicieron degustar algunos productos canadienses, recorrimos el mercado y fue muy interesante.
Con Robi (un italiano chiflado que me cae muy bien), Inge, Sofie (unas alemanas que les gusta cantar en los lugares más insólitos a toda boca), Ashley (la australiana que vive en mi hotel) y Arie (un francés) fuimos a la bahía también. Aunque eso fue antes del tour por el Saint Lawrence Market.
Después del mercado fuimos a un pub que se llamaba Scotland Yard, y en el camino, Robi me pasó el teléfono para que hablara con su mamá (plop). Simpática la señora, y es bueno saber que mi italiano no esta tan oxidado.
En la noche, fuimos a una disco que se llama Picadilly Circus, aunque antes tratamos de celebrar el año nuevo ortodoxo (Ashley nació en Rusia, y por lo tanto su familia es ortodoxa), y por eso fuimos a un pub ruso, que de ruso sólo tenía una extensa carta de vodkas y meseras con gorritos de la unión soviética.
Al final de la noche estaba muerta de cansada y sólo quería dormir hasta mediodía del día siguiente.
Día 6. Estadística
De hecho lo hice. Y luego me dediqué a estudiar estadística todo el resto del día hasta como la 1 de la mañana.
Día 7. Estadística again.
Sí. Estudié todo el día de nuevo, hasta las 2 de la mañana, para el día siguiente. Casi cumplí la meta. Me estudié los 7 capítulos del primer semestre. Pero el 8° era demasiado a esas alturas. Sólo me leí como la mitad.
¿Mencioné que odio a mi profe de estadística del semestre pasado?
Día 8. Sueño, banco y sacar la vuelta
A pesar de los múltiples trasnoches, me levanté a las 7 de la mañana. En clases de macroeconomía, luché contra las cabezadas, porque el sueño me embargaba. Creo que tenía los ojos vidriosos de sueño.
En estadística igual. aunque por lo menos me sentía bastante preparada para enfrentar la clase.
Después, pasé a la oficina a ver a mi coordinadora, porque por fin había llegado mi cheque de la beca. Después de almuerzo lo pasé a buscar con ella, me acompañó a sacarme la foto para obtener mi carnet de estudiante (y ya lo tengo! te lo entregan de inmediato... eso es eficiencia), y luego fuimos a abrir una cuenta en el banco. Los bancos resultaron no ser tan eficientes. De hecho, si depositas un cheque, sólo lo liberan 5 días hábiles después. Pero por ser de Ryerson, sólo necesitaban la autorización y al día siguiente podían liberarlo.
Después de esos trámites, todavía necesitaba estudiar como 4 capítulos de finanzas para el día siguiente, pero no tenía el libro ni la plata como para comprarlo (costó como 140 dólares) así que fui a la biblioteca. Sólo estaba en colección de reserva, por dos horas, así que me indicaron dónde quedaba la fotocopiadora. Y, oh sorpresa, es autoservicio. Pregunté dónde podía encontrar otra en que me atendieran. Fui, pero el tipo estaba demasiado ocupado, así que me enseñó a usar la máquina (también era modalidad auto-servicio, con la posibilidad de ser atendida) así que fotocopié 117 páginas perfectamente, y luego devolví el libro.
De vuelta en el hotel sólo saqué la vuelta mucho rato, y cuando me puse a leer estaba tan cansada que decidí dormir y despertar una hora antes, para tratar de leer los capítulos en la mañana.
Día 9. Finanzas, Marketing, Banco, Libros y Lavandería... Uff
Obviamente no alcancé. Menos mal que la ayudantía era con cuaderno abierto, y si hubiera sabido, sólo me habría estudiado el cuaderno, y el capítulo 4 para la clase.
A la hora de almuerzo, la pasé en el banco, depositando el cheque, activando la tarjeta, y sacando plata. Almorcé en dos minutos y fui a clases de marketing, donde nos hicieron un test evaluatorio.
Al terminar la clase, fui a comprar los libros, y lamentablemente el de finanzas tiene que ser nuevo porque tiene acceso a un programa de internet que usamos, y el de marketing no estaba en libros usados.
Luego volví, fui a la lavandería, puse un tope en la puerta para evitar que cerraran la puerta (la cierran como a las 9 y media), pero alguien lo sacó, así que mi ropa aún está en la lavandería, por lo menos la mitad, que seguía húmeda y puse de nuevo en la secadora. Debería ir a rescatarla.
Día 10. Hoy
Dormí hasta las 11. Tengo que ir a la lavandería a rescatar mis camisetas, ducharme, vestirme, ir a pagar el hotel, almorzar e ir a la biblioteca a hacer un tour por ella, con una de las bibliotecarias. Hoy en la noche, vamos a ir a comer a Little Italy.
Eso. Espero que esto sea suficiente. Tienen una entrada kilométrica que leer, si querían saber de mí. Como para que se aburran un rato.
Veamos. Seamos ordenados; hagamos mini-capítulos:
Día 1. Primer día de clases.
Como ya saben, me levanté una hora antes, escribí hasta que me tocó irme a clases, y partí. Llegué, y todavía faltaba un ratito, y como la sala estaba ocupada me senté en un cómodo lobby a esperar. Cuando fue la hora, entré a la sala y me senté, como la alumna aplicada y responsable que soy, en la primera fila.
Era clase de Macroeconomía Intermedia II, que en teoría se parece a mi curso de Macroeconomía. La dicta un profesor de origen italiano, muy agradable, que hace puros ejemplos con pizzas y pastas. OK, llámenme chauvinista... Fue una clase explicatoria del programa, más una breve clase introductoria, tras la cual me dirigí a mi segunda clase: estadística II. A la salida un tipo se me acercó - de esos que no faltan en ningún lugar del mundo - para conversarme y me acompañó hasta casi llegar al edificio donde tenía mi otra clase. Y antes de que se pasen rollos, no es mi tipo...
La clase de macroeconmía era normal, unas 40-50 personas, lo cual considero razonable... En cambio, la clase de estadística II... uff... más de 150 personas en un auditorio. Me senté nuevamente en primera fila, al lado de una niña de origen asiático con la que me puse a conversar. Empezó la clase, que también fue básicamente lo mismo que la anterior (programa e introducción) pero el detalle es que el profesor es de origen Indio (de la India) y tiene un acento, que se le entiende la mitad de lo que dice: dice "van" en vez de "one" y "ve" en vez de "we".
Aunque en realidad lo peor no fue el acento, sino el hecho de que me di cuenta que mi curso de estadística I del semestre pasado, no me iba a servir de absolutamente nada. Menos mal, que sí hice estadística en medicina, así que algo sé... pero, el detalle es que en medicina estudié estadística por allá en el 2001-2002, y por lo tanto no lo tengo tan fresco en la memoria.
El profesor pidió que formaramos grupos para las futuras tareas, y la niña asiática con la que había estado conversando me invitó a formar parte de su grupo.
La tarde la pasé en la lavandería, mucho rato. La buena noticia: mi ropa quedó intacta.
Día 2. Más clases
Partí el día a la hora correcta esta vez, y fui a mi primera clase de finanzas. Es grande también, pero amé a mi profesor. Es divertido y dinámico. Su clase me gustó harto. No hubo laboratorio así que tuve 2 horas libres antes de mi siguiente clase. Almorcé, y fui a la tienda de libros usados a comprar el libro de estadística (igual me costó 70 dólares... auch), en el que por suerte se incluyen los capíulos del primer semestre de estadística.
Llegué a marketing, el cual es de partida un ramo que no me llama la atención, pero tampoco es taaaan fome. Supuestamente la clase termina a las 6, pero terminamos como a las 4 y media o algo así.
Volví a mi hotel, comí, y me acosté.
Día 3. Estadística y carrete
Dormí hasta tarde, me salté el desayuno, y me dediqué a estudiar estadísticas, desde el capítulo 1. La meta era de ahí al martes era estudiar los 7 capítulos correspondientes al semestre pasado, más el primer capítulo correspondiente a este semestre. No me estaba concentrando mucho, así que me empecé a hacer un resumen en el computador. Lo bueno es que descubrí el editor de ecuaciones en word, con lo cual puedo escribir el símbolo de promedio, y hacer ecuaciones que estén divididas. Yo y mis obsesiones por la perfección.
En la tarde, después de la comida, surgió el panorama de ir a este pub, en el que hay un piano, y un tipo toca y canta a pedido. Tenía clases a las 9 al día siguiente, pero decidí salir de todas maneras. Fue muy agradable, y entretenido. Incluso bailamos un rato, aunque no era un lugarpara bailar. Y el tipo del piano, era seco.
Día 4. Brf, y Salsa!
Me levanté a las 7, a pesar del carrete de la noche anterior, llegué media zombie a clases de Macroeconomía, pero no había nadie. De a poco empezaron a llegar, después de que había revisado mi horario, el programa y el mapa como 5 veces para asegurarme que estaba en el lugar correcto. Llegó como la mitad de la clase, pero extrañamente, el profesor no aparecía. Alguien llamó a un amigo, cuando supuestamente ya estabamos como 15 o 20 minutos tarde, y se enteró que el profe había avisado que a clase se cancelaba porque estaba enfermo. Lo había anunciado en el intranet a último minuto, así que nos podíamos ir.
Comentando nuestra lata con un chico de ahí (que TAMPOCO es mi tipo) nos pusimos a conversar, y me invitó un helado. Después nos despedimos, y yo llegué a tratar de estudiar estadística de nuevo, pero tenía tanto sueño que me dormí una siesta. En la noche habíamos quedado de ir a un club de salsa, así que debía reponerme.
En la noche fuimos a ese lugar y bailé hasta que me dio puntada.
Día 5. Saint Lawrence Market, Bahía y Baile
Fuimos a un mercado a que nos hicieran un tour. Es uno de los lugares más antiguos de Toronto, y nos hicieron un tour, nos hicieron degustar algunos productos canadienses, recorrimos el mercado y fue muy interesante.
Con Robi (un italiano chiflado que me cae muy bien), Inge, Sofie (unas alemanas que les gusta cantar en los lugares más insólitos a toda boca), Ashley (la australiana que vive en mi hotel) y Arie (un francés) fuimos a la bahía también. Aunque eso fue antes del tour por el Saint Lawrence Market.
Después del mercado fuimos a un pub que se llamaba Scotland Yard, y en el camino, Robi me pasó el teléfono para que hablara con su mamá (plop). Simpática la señora, y es bueno saber que mi italiano no esta tan oxidado.
En la noche, fuimos a una disco que se llama Picadilly Circus, aunque antes tratamos de celebrar el año nuevo ortodoxo (Ashley nació en Rusia, y por lo tanto su familia es ortodoxa), y por eso fuimos a un pub ruso, que de ruso sólo tenía una extensa carta de vodkas y meseras con gorritos de la unión soviética.
Al final de la noche estaba muerta de cansada y sólo quería dormir hasta mediodía del día siguiente.
Día 6. Estadística
De hecho lo hice. Y luego me dediqué a estudiar estadística todo el resto del día hasta como la 1 de la mañana.
Día 7. Estadística again.
Sí. Estudié todo el día de nuevo, hasta las 2 de la mañana, para el día siguiente. Casi cumplí la meta. Me estudié los 7 capítulos del primer semestre. Pero el 8° era demasiado a esas alturas. Sólo me leí como la mitad.
¿Mencioné que odio a mi profe de estadística del semestre pasado?
Día 8. Sueño, banco y sacar la vuelta
A pesar de los múltiples trasnoches, me levanté a las 7 de la mañana. En clases de macroeconomía, luché contra las cabezadas, porque el sueño me embargaba. Creo que tenía los ojos vidriosos de sueño.
En estadística igual. aunque por lo menos me sentía bastante preparada para enfrentar la clase.
Después, pasé a la oficina a ver a mi coordinadora, porque por fin había llegado mi cheque de la beca. Después de almuerzo lo pasé a buscar con ella, me acompañó a sacarme la foto para obtener mi carnet de estudiante (y ya lo tengo! te lo entregan de inmediato... eso es eficiencia), y luego fuimos a abrir una cuenta en el banco. Los bancos resultaron no ser tan eficientes. De hecho, si depositas un cheque, sólo lo liberan 5 días hábiles después. Pero por ser de Ryerson, sólo necesitaban la autorización y al día siguiente podían liberarlo.
Después de esos trámites, todavía necesitaba estudiar como 4 capítulos de finanzas para el día siguiente, pero no tenía el libro ni la plata como para comprarlo (costó como 140 dólares) así que fui a la biblioteca. Sólo estaba en colección de reserva, por dos horas, así que me indicaron dónde quedaba la fotocopiadora. Y, oh sorpresa, es autoservicio. Pregunté dónde podía encontrar otra en que me atendieran. Fui, pero el tipo estaba demasiado ocupado, así que me enseñó a usar la máquina (también era modalidad auto-servicio, con la posibilidad de ser atendida) así que fotocopié 117 páginas perfectamente, y luego devolví el libro.
De vuelta en el hotel sólo saqué la vuelta mucho rato, y cuando me puse a leer estaba tan cansada que decidí dormir y despertar una hora antes, para tratar de leer los capítulos en la mañana.
Día 9. Finanzas, Marketing, Banco, Libros y Lavandería... Uff
Obviamente no alcancé. Menos mal que la ayudantía era con cuaderno abierto, y si hubiera sabido, sólo me habría estudiado el cuaderno, y el capítulo 4 para la clase.
A la hora de almuerzo, la pasé en el banco, depositando el cheque, activando la tarjeta, y sacando plata. Almorcé en dos minutos y fui a clases de marketing, donde nos hicieron un test evaluatorio.
Al terminar la clase, fui a comprar los libros, y lamentablemente el de finanzas tiene que ser nuevo porque tiene acceso a un programa de internet que usamos, y el de marketing no estaba en libros usados.
Luego volví, fui a la lavandería, puse un tope en la puerta para evitar que cerraran la puerta (la cierran como a las 9 y media), pero alguien lo sacó, así que mi ropa aún está en la lavandería, por lo menos la mitad, que seguía húmeda y puse de nuevo en la secadora. Debería ir a rescatarla.
Día 10. Hoy
Dormí hasta las 11. Tengo que ir a la lavandería a rescatar mis camisetas, ducharme, vestirme, ir a pagar el hotel, almorzar e ir a la biblioteca a hacer un tour por ella, con una de las bibliotecarias. Hoy en la noche, vamos a ir a comer a Little Italy.
Eso. Espero que esto sea suficiente. Tienen una entrada kilométrica que leer, si querían saber de mí. Como para que se aburran un rato.
08 enero 2008
Updates
Llevo días diciéndome que tengo que escribir esto, pero no había encontrado el momento, ya sea por cansancio o por tener otra cosa que hacer. Pero como ahora tengo una hora de tiempo que gastar (ya les diré el porqué) aprovecho de ponerlos al día.
Primero, para el que no se había dado por enterado, estoy en Canadá. Y esta entrada en particular, tratará de cómo llegué y mis primeros días acá. Si no están ni ahí, entonces... ¿¿¿para qué diablos se metieron mi blog??? Dicho eso, continuemos.
Viajé el día 2 de enero. Ese día en la mañana tuve que hacer las últimas compras, y creo que ya había mencionado algo de eso. En la tarde, me puse una camiseta manga larga, panties y pantalón de cotelé, dispuesta a mi viaje en avión y a morirme de calor en el trayecto al aeropuerto. En el camino recibí un par de llamadas a mi cel, a modo de despedida, y a cualquier rezagado o despistado, les advierto que ahora mi cel lo tiene mi mamá.
Envolvimos las maletas en Alusa Plast, y las fuimos a registrar a la aerolínea. Pesaron justo lo que tenían que pesar. La maleta grande pesó 22,9 Kg, y no podía pesar más de 23. Buen cálculo.
Esperé un rato, me despedí de mis papás y mi hermano, y pasé por policía internacional, cargada como bestia, con un bolso de notebook (laptop, me tengo que acostumbrar a llamarlo laptop...) que pesaba 7 kilos y un "pequeño" bolso de mano de 4 kilos. Ahí la señorita que me atendió, por coincidencia, se llamaba Magdalena y había nacido como el 10 de julio o algo por ahí... Coincidencias de la vida. Quiero tomarlo como un buen indicio.
Después pasé por aduana, declaré mi notebook, y me fui a sentar a esperar que abrieran la puerta del avión. En realidad a que llegara también, porque todavía no daba ni señales. Ahí me senté a hacer sudokus y sopas de letras por un buen rato.
Finalmente abrieron la puerta y tuve que hacer la cola para entrar con 11 kilos a cuestas, y me tocó un asiento cuyos compartimientos superiores tenían suministros y cosas de primeros auxilios, así que tuve que ponerlo al frente, donde apenas cabía. Me tocó sentarme al lado de una señora que iba con cara de "no quiero hablar" e iba haciendo una lista de cosas como "llave de agua abierta, gotera de noséqué, puerta sin llave" y puras tragedias y olvidos por el estilo. No es que sea sapa, sólo quería saber si hablaba en español o inglés. Para la hora de la comida cruzamos un par de palabras, cuando, en vista de que se estaba quemando los dedos tratando de abrir la comida, le sugerí que lo sujetara con la servilleta y abriera el alusa foil de arriba con el cuchillo. La gente tiene poca visión para las soluciones prácticas...
Ví una película, dormí como una hora, y no sé qué me poseyó, pero no pude dormir más. Usualmente no tengo problemas, pero esta vez fue imposible, así que me puse a ver otra película. Después vi un capítulo de Two and a Half Man y entonces tuve la mala idea de poner música y la pantalla se quedó pegada, así que saqué mis sudokus y sopas de letras otra vez. Me dediqué a mirar por la ventana como las últimas dos horas, a ver las lucecitas de abajo, tratar de adivinar dónde estaba, y auto-convencerme de que iba a estar en Canadá por los próximos 4 meses y medio, y que era real. No tuve mucho éxito en eso.
Llegué al aeropuerto, caminé mucho rato, hice una cola enorme con mis 11 kilos nuevamente a cuestas, para pasar por policía internacional, y luego una segunda cola lentísima para inmigración. Esa fue horrible, porque la gente es tan imbécil, que llega a las ventanillas para descubrir que no trajo todos los papeles, y los pobres seres humanos que trabajan ahí tienen que tener la buena voluntad de lidiar con los idiotas y solucionarles el problema en la medida de lo posible. Eso hace que uno se demore siglos en pasar.
Por fin terminé, pagué un maletero para que me ayudara, tomé un taxi, y salí a Toronto, con un frío endemoniado. Lo primero que me llamó la atención, fue la cantidad de chimeneas encendidas, aunque dadas las temperaturas es natural. Igual es una ciudad linda. Estaba toda nevada, y pasamos cerca de la costa. Me gustó.
Llegué al hotel donde viviré por un tiempo, no pude entender cómo funcionaba la ducha, así que me lavé, me presenté a los encargados, y me fui a ver a mi coordinadora de la u. Después me perdí un rato tratando de encontrar la oficina de asuntos internacionales, que estaba recién cambiada, y resultó estar al lado del edificio donde había ido a ver a mi coordinadora y en el cual estudiaré por los próximos cuatro meses. Después fui y compré 3 frazadas y un plumón, una bajada de baño y una toalla en Sears, y me pidieron un taxi para volver porque apenas tenía manos para las tres enormes bolsas.
Ese fue básicamente mi primer día. Durante mi segundo día, me levanté y fui a mi "Día de Orientación" donde nos dieron la bienvenida, nos explicaron algunas cosas, comimos pizza, nos conocimos con algunos de los otros alumnos de intercambio, hicimos un tour por el campus y terminamos en un pub cerca de mi hotel. Ahí conocí más gente, y quedamos de juntarnos en una residencia donde está gran parte de los intercambistas esa misma noche. Conocí dos chicos australianos que se están quedando a dos puertas de la mía, y decidimos irnos juntos.
A todo esto, mi compañera de pieza aún no había llegado, pero me había llamado mi primer día para darme la bienvenida y decirme que llegaría el domingo.
Ahora... ¿en qué iba? Ah, sí... el carrete de la noche del 4. Fuimos a Neil Wycik, que es la residencia, y es un ASCO. Son como minis departamentos, con 5 o 6 piezas, una cocina y un living en común. Lo primero que vemos es una trampa para ratones en un rincón, y nos dicen que no nos sentemos en el sofá porque no saben qué puede haber ahí. Ugh. Las chicas contaron que cuando llegaron no tenían ni camas. Sólo unas cajas, y unos "colchones" llenos de hoyos. Obviamente, se los cambiaron. Más encima, los compañeros de departamento, se habían ido por las vacaciones, y dejaron todos los platos en el lavaplatos sin lavar. Un asco en verdad. Cuando llegó otra niña, sugirió que nos fueramos a su departamento, que resultó bastante más decente. Supuestamente era una junta para tomar algo antes del carrete, pero en vista de que nadie llevó nada, fue sólo conversación... A mí no me afecta, total yo no tomo. Fuimos a bailar, y todos odiaron el lugar, así que fuimos a un bar, y terminamos en el pub que habíamos ido por la tarde. Como a las 2 a.m. cierran, así que nos devolvimos al hotel.
Al día siguiente teníamos el día del tour. Sin embargo, nuestro almuerzo con los chicos australianos y otra chica, también australiana que se queda en el hotel, duró más de lo presupuestado, por lo cual llegamos 20 minutos tarde, y ya todos se habían ido. Nos encontraron los organizadores, nos dieron la lista de actividades (era como una búsqueda del tesoro) y con Ashley, la chica australiana, decidimos ir a hacer unas compras "rápidas" y luego encontrarnos con los chicos en una hora. Terminé comprando un set de platos y uno de vasos más un reloj despertador, y Ashley unas botas que devolvió, para comprarse unos botines certificados contra el frío y unos pantalones de ski. Todo esto nos llevó aproximadamente 3 horas, y tomamos un taxi al pub que habíamos estado dos veces el día anterior, y al irnos, los chicos nos ayudaron con las bolsas.
Hicimos un "pre-drink" en la pieza de los chicos, nos juntamos con los otros en Neil Wycik, y cuando los vecinos reclamaron por la bulla, nos fuimos al pub.
Al día siguiente no hice mucho, y me quedé en pijama hasta tarde, descansando. Cuando llegó mi compañera de pieza, que parece bastante agradable, me vestí y fuimos al supermercado. Lavé toda la loza que había comprado el día anterior, porque estaba sucia y polvorienta (sí, yo lavé la loza), comí algo, y luego me acosté como a las 9 de la noche, después de ver tele un rato.
El lunes, me levanté temprano para el desayuno, fui a ver lo de mi cuenta electrónica de la Universidad, hice un reconocimiento de salas, y paseé por al menos 3 malls diferentes. Encontré un MNG, en el mall que se conecta directamente con mi edificio de la universidad (oh, sí... tengo conexión directa al mall) así que estoy frita. Por suerte no quedaban cosas de mi talla.
Volví, comí, y con Ashley y los chicos fuimos un rato a un bar a "probar" la cerveza canadiense (ellos probaron, yo tomé agua). Cuando volví al hotel, accidentalmente cambié la hora del reloj, pero al volverla a la hora, puse las 12 en vez de las 11. Eso significó que me levanté a las 6 en vez de levantarme a las 7, y como no entro sino hasta las 9, decidí aprovechar esta inesperada hora libre para darles la lata.
Ya son las 8. Así que creo que es suficiente. Deséenme suerte en mi primer día.
Primero, para el que no se había dado por enterado, estoy en Canadá. Y esta entrada en particular, tratará de cómo llegué y mis primeros días acá. Si no están ni ahí, entonces... ¿¿¿para qué diablos se metieron mi blog??? Dicho eso, continuemos.
Viajé el día 2 de enero. Ese día en la mañana tuve que hacer las últimas compras, y creo que ya había mencionado algo de eso. En la tarde, me puse una camiseta manga larga, panties y pantalón de cotelé, dispuesta a mi viaje en avión y a morirme de calor en el trayecto al aeropuerto. En el camino recibí un par de llamadas a mi cel, a modo de despedida, y a cualquier rezagado o despistado, les advierto que ahora mi cel lo tiene mi mamá.
Envolvimos las maletas en Alusa Plast, y las fuimos a registrar a la aerolínea. Pesaron justo lo que tenían que pesar. La maleta grande pesó 22,9 Kg, y no podía pesar más de 23. Buen cálculo.
Esperé un rato, me despedí de mis papás y mi hermano, y pasé por policía internacional, cargada como bestia, con un bolso de notebook (laptop, me tengo que acostumbrar a llamarlo laptop...) que pesaba 7 kilos y un "pequeño" bolso de mano de 4 kilos. Ahí la señorita que me atendió, por coincidencia, se llamaba Magdalena y había nacido como el 10 de julio o algo por ahí... Coincidencias de la vida. Quiero tomarlo como un buen indicio.
Después pasé por aduana, declaré mi notebook, y me fui a sentar a esperar que abrieran la puerta del avión. En realidad a que llegara también, porque todavía no daba ni señales. Ahí me senté a hacer sudokus y sopas de letras por un buen rato.
Finalmente abrieron la puerta y tuve que hacer la cola para entrar con 11 kilos a cuestas, y me tocó un asiento cuyos compartimientos superiores tenían suministros y cosas de primeros auxilios, así que tuve que ponerlo al frente, donde apenas cabía. Me tocó sentarme al lado de una señora que iba con cara de "no quiero hablar" e iba haciendo una lista de cosas como "llave de agua abierta, gotera de noséqué, puerta sin llave" y puras tragedias y olvidos por el estilo. No es que sea sapa, sólo quería saber si hablaba en español o inglés. Para la hora de la comida cruzamos un par de palabras, cuando, en vista de que se estaba quemando los dedos tratando de abrir la comida, le sugerí que lo sujetara con la servilleta y abriera el alusa foil de arriba con el cuchillo. La gente tiene poca visión para las soluciones prácticas...
Ví una película, dormí como una hora, y no sé qué me poseyó, pero no pude dormir más. Usualmente no tengo problemas, pero esta vez fue imposible, así que me puse a ver otra película. Después vi un capítulo de Two and a Half Man y entonces tuve la mala idea de poner música y la pantalla se quedó pegada, así que saqué mis sudokus y sopas de letras otra vez. Me dediqué a mirar por la ventana como las últimas dos horas, a ver las lucecitas de abajo, tratar de adivinar dónde estaba, y auto-convencerme de que iba a estar en Canadá por los próximos 4 meses y medio, y que era real. No tuve mucho éxito en eso.
Llegué al aeropuerto, caminé mucho rato, hice una cola enorme con mis 11 kilos nuevamente a cuestas, para pasar por policía internacional, y luego una segunda cola lentísima para inmigración. Esa fue horrible, porque la gente es tan imbécil, que llega a las ventanillas para descubrir que no trajo todos los papeles, y los pobres seres humanos que trabajan ahí tienen que tener la buena voluntad de lidiar con los idiotas y solucionarles el problema en la medida de lo posible. Eso hace que uno se demore siglos en pasar.
Por fin terminé, pagué un maletero para que me ayudara, tomé un taxi, y salí a Toronto, con un frío endemoniado. Lo primero que me llamó la atención, fue la cantidad de chimeneas encendidas, aunque dadas las temperaturas es natural. Igual es una ciudad linda. Estaba toda nevada, y pasamos cerca de la costa. Me gustó.
Llegué al hotel donde viviré por un tiempo, no pude entender cómo funcionaba la ducha, así que me lavé, me presenté a los encargados, y me fui a ver a mi coordinadora de la u. Después me perdí un rato tratando de encontrar la oficina de asuntos internacionales, que estaba recién cambiada, y resultó estar al lado del edificio donde había ido a ver a mi coordinadora y en el cual estudiaré por los próximos cuatro meses. Después fui y compré 3 frazadas y un plumón, una bajada de baño y una toalla en Sears, y me pidieron un taxi para volver porque apenas tenía manos para las tres enormes bolsas.
Ese fue básicamente mi primer día. Durante mi segundo día, me levanté y fui a mi "Día de Orientación" donde nos dieron la bienvenida, nos explicaron algunas cosas, comimos pizza, nos conocimos con algunos de los otros alumnos de intercambio, hicimos un tour por el campus y terminamos en un pub cerca de mi hotel. Ahí conocí más gente, y quedamos de juntarnos en una residencia donde está gran parte de los intercambistas esa misma noche. Conocí dos chicos australianos que se están quedando a dos puertas de la mía, y decidimos irnos juntos.
A todo esto, mi compañera de pieza aún no había llegado, pero me había llamado mi primer día para darme la bienvenida y decirme que llegaría el domingo.
Ahora... ¿en qué iba? Ah, sí... el carrete de la noche del 4. Fuimos a Neil Wycik, que es la residencia, y es un ASCO. Son como minis departamentos, con 5 o 6 piezas, una cocina y un living en común. Lo primero que vemos es una trampa para ratones en un rincón, y nos dicen que no nos sentemos en el sofá porque no saben qué puede haber ahí. Ugh. Las chicas contaron que cuando llegaron no tenían ni camas. Sólo unas cajas, y unos "colchones" llenos de hoyos. Obviamente, se los cambiaron. Más encima, los compañeros de departamento, se habían ido por las vacaciones, y dejaron todos los platos en el lavaplatos sin lavar. Un asco en verdad. Cuando llegó otra niña, sugirió que nos fueramos a su departamento, que resultó bastante más decente. Supuestamente era una junta para tomar algo antes del carrete, pero en vista de que nadie llevó nada, fue sólo conversación... A mí no me afecta, total yo no tomo. Fuimos a bailar, y todos odiaron el lugar, así que fuimos a un bar, y terminamos en el pub que habíamos ido por la tarde. Como a las 2 a.m. cierran, así que nos devolvimos al hotel.
Al día siguiente teníamos el día del tour. Sin embargo, nuestro almuerzo con los chicos australianos y otra chica, también australiana que se queda en el hotel, duró más de lo presupuestado, por lo cual llegamos 20 minutos tarde, y ya todos se habían ido. Nos encontraron los organizadores, nos dieron la lista de actividades (era como una búsqueda del tesoro) y con Ashley, la chica australiana, decidimos ir a hacer unas compras "rápidas" y luego encontrarnos con los chicos en una hora. Terminé comprando un set de platos y uno de vasos más un reloj despertador, y Ashley unas botas que devolvió, para comprarse unos botines certificados contra el frío y unos pantalones de ski. Todo esto nos llevó aproximadamente 3 horas, y tomamos un taxi al pub que habíamos estado dos veces el día anterior, y al irnos, los chicos nos ayudaron con las bolsas.
Hicimos un "pre-drink" en la pieza de los chicos, nos juntamos con los otros en Neil Wycik, y cuando los vecinos reclamaron por la bulla, nos fuimos al pub.
Al día siguiente no hice mucho, y me quedé en pijama hasta tarde, descansando. Cuando llegó mi compañera de pieza, que parece bastante agradable, me vestí y fuimos al supermercado. Lavé toda la loza que había comprado el día anterior, porque estaba sucia y polvorienta (sí, yo lavé la loza), comí algo, y luego me acosté como a las 9 de la noche, después de ver tele un rato.
El lunes, me levanté temprano para el desayuno, fui a ver lo de mi cuenta electrónica de la Universidad, hice un reconocimiento de salas, y paseé por al menos 3 malls diferentes. Encontré un MNG, en el mall que se conecta directamente con mi edificio de la universidad (oh, sí... tengo conexión directa al mall) así que estoy frita. Por suerte no quedaban cosas de mi talla.
Volví, comí, y con Ashley y los chicos fuimos un rato a un bar a "probar" la cerveza canadiense (ellos probaron, yo tomé agua). Cuando volví al hotel, accidentalmente cambié la hora del reloj, pero al volverla a la hora, puse las 12 en vez de las 11. Eso significó que me levanté a las 6 en vez de levantarme a las 7, y como no entro sino hasta las 9, decidí aprovechar esta inesperada hora libre para darles la lata.
Ya son las 8. Así que creo que es suficiente. Deséenme suerte en mi primer día.
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